La etapa Fossanova-Terracina de la Vía Francígena del sur acompaña al caminante desde la tranquilidad monástica hasta la luz del mar, en un recorrido que atraviesa la llanura pontina hasta llegar a la costa del Tirreno.
Se parte de la abadía de Fossanova, dejando atrás la atmósfera recogida del complejo cisterciense para adentrarse en un paisaje agrícola formado por canales, campos cultivados y caminos blancos. El trazado es en su mayor parte llano en la primera parte, lo que hace que la caminata sea fluida y regular.
Al acercarse a Terracina, la línea de la costa comienza a aparecer en el horizonte. La última parte puede presentar algunos tramos más urbanizados, pero la llegada compensa todos los esfuerzos: el centro histórico alto ofrece vistas sugerentes y testimonios romanos de gran importancia, como el templo de Júpiter Anxur, que domina la ciudad desde lo alto con una vista espectacular del litoral.
Con una longitud de unos 22-24 km, es una etapa que combina el campo, la historia antigua y el mar, y que marca simbólicamente el paso hacia el tramo costero de la Francígena del Sur.