La etapa parte del Santuario de San Francesco en Piediluco.
Bordeamos el lago, continuando, primero en llano y luego subiendo, hasta llegar al pueblo de Labro, apodado el “pueblo de piedra”. Pasear por sus calles es una experiencia que recorre siglos de historia, entre impresionantes paisajes y curiosidades arqueológicas por descubrir.
El camino, por un sendero entre prados y enebros, llega a Morro Reatino, desde donde continúa, en dirección a Rivodutri, hacia el Faggio di San Francesco.
Cuenta la tradición popular que, durante una fuerte tormenta, San Francesco buscó refugio bajo un árbol de haya, que por voluntad de Dios dobló sus ramas como un paraguas. Su forma extraordinaria hace la haya única.
Desde la cercana Capilla de San Francesco al Cepparo, continúamos por un camino de tierra hasta llegar al Santuario Francescano de San Giacomo en Poggio Bustone, donde San Francesco se dirigió a los lugareños con el saludo: “Buenos días, buena gente”.
Saliendo del convento y subiendo por un sendero en el bosque salpicado de seis pequeñas capillas construidas hacia 1650 en memoria de varios milagros, llegamos al Sacro Speco. La cueva donde San Francesco rezaba está incorporada a una pequeña iglesia enclavada bajo un macizo rocoso y ocultada por el bosque.