Se parte de Rovere, uno de los pueblos fortificados más reconocibles de la zona, con vistas a la frontera simbólica entre Marsica y Aquilano. Aquí el camino comienza en un contexto que conserva una sólida impronta histórica. Los restos del castillo de Rovere, que se pueden visitar libremente, te introducen de inmediato en un paisaje de murallas, ruinas y pasajes antiguos, donde todavía se percibe el papel del pueblo como lugar de tránsito y fortaleza. Un poco más adelante, el Centro de Visitantes del Rebeco y Área de Fauna de Rovere añaden una interpretación diferente y valiosa: te acercan a la fauna del parque Sirente Velino y hacen más concreta la relación entre el camino y el entorno que lo acoge, con espacios informativos, materiales divulgativos y puntos de observación dedicados al rebeco de los Apeninos. Continuando hacia Ovindoli, el recorrido mantiene una dimensión accesible y contemplativa, ideal para quienes desean vivir una experiencia de senderismo por las mesetas de los Abruzos sin renunciar a la reconocibilidad de los lugares. La llegada tiene su propia personalidad: Ovindoli se presenta como una puerta natural de la meseta, panorámica, equipada y estrechamente vinculada a la montaña en todas las estaciones. Aquí, el Monumento de los Alpinos, presencia conmemorativa que acompaña la entrada al pueblo, refuerza la relación entre la comunidad y la cultura de la montaña y cierra la etapa con una marca sobria pero identitaria.