La etapa recorre, en sentido inverso, uno de los viajes más importantes de san Francisco: una vez realizado el gesto profético de despojarse de todas sus propiedades ante el obispo de Asís, se dirigió a Gubbio, donde fue acogido como peregrino por su amigo Spadalonga. Numerosas son las acogidas para dividir la distancia del camino.
A lo largo de este camino, san Francisco se proclamó «heraldo del Gran Rey» frente a los bandoleros que lo maltrataron. Llegó a un monasterio (abadía de Vallingegno), donde fue recibido a regañadientes y puesto a trabajar como pinche en la cocina.
San Francisco, como peregrino, se enfrentó a numerosos desafíos y dificultades, pero son estos los que hacen que el camino sea único para cualquiera que decida seguir sus pasos.
El primer tramo al salir de Gubbio es de asfalto y hay que tener cuidado. Luego se prosigue por un camino de tierra y, al llegar a la cresta, vale la pena darse la vuelta para despedirse de Gubbio.
Se continúa adentrándose entre el valle del río Chiascio y los castillos situados en lo alto de las laderas. A lo lejos, en los días despejados, se vislumbra la mole del monte Subasio. Se llega a la pequeña iglesia de Ripe o Madonna delle Grazie, uno de los lugares más entrañables del camino, donde se conservan los recuerdos del paso de los peregrinos. Detente aquí y medita.
A continuación, comienza el ascenso entre bosques de coníferas para llegar a la ermita de San Pietro in Vigneto. En esta zona te recibirán como a un peregrino.