El camino, de unos 20 km, tiene un recorrido agradable.
Del escarpado paisaje de los Apeninos de las etapas anteriores se pasa al paisaje más apacible del valle del Alto Tíber.
Las subidas no son exigentes y se camina entre campos y pequeños pueblos. Entre castaños, robles y encinas, afrontamos subidas y bajadas, que no presentan tramos con una fuerte pendiente. A lo largo del camino hay puntos de parada y fuentes para abastecerse de agua y comida, entre los que también se encuentra una granja de búfalas que produce una exquisita «mozzarella».
Una vez alcanzada la cresta de las colinas en la localidad de Le Burge, se puede disfrutar de una vista de 180° del valle del Tíber y del paisaje de Umbría, dibujado por colinas, pueblos en la ladera, bosques e iglesias. Algunos tramos del recorrido están al sol, por lo que el peregrino nunca debe olvidar el sombrero y una botella de agua.
En la localidad de Lerchi se bordea la fundación de «Archeologia Arborea» (visitable con reserva previa), que recoge antiguas variedades locales de plantas frutales para preservar la biodiversidad del territorio.
A lo largo del camino, un santuario votivo y una cruz de hierro nos señalan la ermita franciscana del Buon Riposo, que toma su nombre de la parada que hizo aquí san Francisco.
El último tramo es en descenso hacia la sencilla y elegante fachada de la catedral de Città di Castello, que acoge a los peregrinos que se dirigen a Asís. Città di Castello siempre ha tenido un gran culto al arte: en ella trabajaron importantes artistas y se erigieron palacios solemnes e iglesias monumentales como la catedral, San Domenico y San Francesco. Città di Castello es la cuna de uno de los mayores artistas umbros del siglo XX, Alberto Burri, cuyas obras se encuentran en la ciudad en las dos sedes museísticas. No te pierdas el museo diocesano, donde se conserva el tesoro de Canoscio, uno de los ajuares litúrgicos más antiguos que exsisten, pues data de la época paleocristiana.