El camino toma forma desde los primeros pasos en el centro de Celano. El castillo Piccolomini, gran fortaleza medieval posteriormente convertida en residencia nobiliaria, domina el paisaje y restituye de inmediato el sentido histórico de la partida. Poco después, la iglesia de San Francisco, fundada en 1345 para recordar la presencia del santo de Asís en Celano, añade a la etapa un umbral espiritual coherente con el relato del camino. Al salir de la localidad, el tramo más pintoresco corresponde a las Gargantas de Aielli-Celano, uno de los cañones más espectaculares de los Apeninos centrales: aquí las paredes de la roca se estrechan en algunos puntos hasta los dos metros aproximadament y se elevan hasta los doscientos metros, lo que transforma el senderismo en los Abruzos en una experiencia intensa pero legible, hecha de agua, piedra, sombra y luz.
Cuando el recorrido se abre y se acerca a Aielli, la etapa cambia de registro y te acompaña hacia una llegada sorprendente. La Torre delle Stelle (Torre de las Estrellas), una torre medieval restaurada y hoy observatorio astronómico, revela el profundo vínculo del pueblo con el cosmos y con la figura del astrónomo Filippo Angelitti. En torno a esta mirada nace también el Borgo Universo, un museo al aire libre repartido por las calles del pueblo, creado en 2017 como proyecto de arte callejero y astronomía, que ha crecido hasta albergar decenas de murales, esculturas e instalaciones que siempre se pueden visitar. Es precisamente aquí donde la etapa encuentra su sello más distintivo: te lleva de una ciudad fuerte y monumental a un pueblo creativo, en lo alto del Fucino, donde el camino se cierra con una sensación de apertura, visión y maravilla contemporánea.