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Historia resumida

Después del saqueo de Totila, Villa Adriana se convirtió en una cantera de ladrillos y mármoles usados en la cercana ciudad de Tívoli, sede episcopal.

Villa Adriana

Biondo Flavio en el siglo XV la identificó como la villa del emperador Adriano y el papa Alejandro VI Borgia promovió las primeras excavaciones del Odeón.

Para satisfacer el deseo de los nobles y eclesiásticos de coleccionar objetos históricos, desde el siglo XVI se retomaron las excavaciones, pero habrá que esperar a Hipólito d’Este, hijo de Lucrecia Borgia, gobernador de Tívoli, para que tenga lugar la financiación y la planificación de las mismas.

Gracias al arquitecto Pirro Ligorio, que para recuperar objetos y mármoles con los que decorar Villa d’Este de Tívoli dirigió las excavaciones; hoy contamos con los Códigos ligorianos donde el arquitecto y anticuario describe sus exploraciones junto a leyendas y “cuadros de vida” de los antiguos romanos.

Las excavaciones desde entonces se han multiplicado. Una multitud de excavadores, sobre todo por encargo de la familia Bulgarini, hicieron numerosos hallazgos que acabaron en los Museos Vaticanos. El cardenal Alejandro Furietti, obteniendo el permiso para excavar por encargo de la familia Bulgarini, sacó a la luz célebres obras como la estatua de los Centauros de Aristeas y Papias y el Fauno Rojo que se encuentran en los Museos Capitolinos.

El conde Fede en el siglo XVIII se convirtió en el propietario de la zona, hizo plantar los famosos cipreses y excavó activamente buscando tesoros para su colección, dispersa después de su muerte.

Desde entonces Villa Adriana fue expoliada por parte de los aristócratas ingleses, que trasladaron a su patria las obras como trofeos de viaje. Sólo a finales del siglo XIX Villa Adriana fue, en parte, adquirida por el Reino de Italia e iniciaron los trabajos de restauración que duran hasta hoy.