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Tierra de orgullosos y valerosos pueblos itálicos, la región de Abruzo está llena de restos de antiguos asentamientos, necrópolis y murallas. Entre los numerosos emplazamientos arqueológicos de época prerromana y romana, sugerimos algunos de los que se pueden visitar en un solo día.
Autor: Walter Cavalieri
Durante siglos, un gran número de pueblos itálicos (Marsos, Ecuos, Vestinos, Pelignos, Samnitas, Picenos, Marrucinos y Frentanos) se disputaron los antiguos Abruzos. Sin embargo, en el siglo IV a.C. los poderosos vecinos Romanos conquistaron el territorio fundando numerosas colonias.
Al comprobar en su propia piel la tenacidad de los guerreros de los Abruzos, los romanos quisieron introducirlos en sus legiones, pero sin ofrecerles los derechos de ciudadanía. Para lograr estos derechos, en el año 91 a.C., los Samnitas promovieron la formación en Corfinio de una liga itálica en cuyo ámbito, se utilizó por primera vez la palabra “Italia”. Tras la derrota, Roma absorbió definitivamente a estos pueblos.
El recorrido empieza a 9 km de L’Aquila, en las ruinas de Amiternum. Amiternum, antigua ciudad sabina conquistada por los romanos en 293 a.C., toma su nombre del cercano río Aterno. Estaba situada en correspondencia con una importante encrucijada vial en la que confluían la antigua via Cecilia (hacia Teramo), la via Claudia Nova (hacia la meseta de Navelli) y via Salaria (hacia Roma). La ciudad, patria del historiador Salustio y quizás de Poncio Pilatos, llegó a tener decenas de miles de habitantes, como muestran los restos de un teatro augusto que posee una acústica perfecta y un anfiteatro en ladrillo adecuado para acoger a 6 mil espectadores.
En una colina que domina Amiternum, se puede visitar el centro de San Vittorino. Allí, en el subsuelo de la iglesia románica de San Michele Arcangelo, se observan las catacumbas paleocristianas más bellas de la región. Se trata de una antigua necrópolis subterránea con un gran número de tumbas excavadas en la roca en las que se conservan, entre otros, los restos del mismo San Vittorino, martirizado en Via Salaria.
Dejando la zona de Amiternum, se puede llegar, mediante un fácil recorrido por la autopista, a las ruinas de Alba Fucens, antigua ciudad itálica conquistada en el 303 a.C. por los Romanos, que la convirtieron en la colonia más importante y fiel de los Abruzos. Sus ruinas monumentales (las termas, el anfiteatro y, sobre todo, la muralla externa, construida con bloques de piedra poligonales) se conservan en excelente estado.
Por último, llegando a Luco dei Marsi, se encuentran los restos del gran Templo de Angitia (divinidad con poderes mágicos, capaz de encantar serpientes y de utilizar todo tipo de hierbas medicinales con fines curativos y taumatúrgicos), construido en la ribera de lo que antiguamente fue el lago Fucino (que más tarde desapareció con las obras de saneamiento).
Para concluir, se pueden recorrer las orillas del antiguo lago Fucino, cuyo saneamiento, concluido por el príncipe Alejandro Torlonia en 1878, había ya comenzado en época romana (entre el año 42 y el 51 d.C.) con el emperador Claudio.
km 2.1
42.401 N - 13.306 E
La historia milenaria de la región de Abruzo y de su capital ha hecho que actualmente existan numerosos restos de época prerromana o romana. Ejemplo de ello son las ruinas de la antigua ciudad de Amiternum, a unos 9 km de L’Aquila, en la localidad de San Vittorino, junto a la carretera nacional 80 que lleva a Amatrice.
La zona, habitada inicialmente por el pueblo de los Sabinos, fue conquistada por los romanos en el año 290 a.C., convirtiéndose en un centro próspero y desarrollado. En la actualidad, se conservan restos de las termas y de un acueducto. Por sobre todo son visibles la cávea del Teatro de época augustea y, a pocos cientos de metros, el perímetro casi intacto del Anfiteatro, construido a mediados del siglo I d.C.
Los edificios, imponentes y monumentales, fueron construidos para reunir un considerable número personas. En el teatro, de unos 80 m de diámetro aproximadamente, cabían más de 2000 espectadores, mientras que el anfiteatro, cuyas 48 arcadas se conservan en buen estado, tenía hasta 6000 plazas.
km 57.3
42.397 N - 13.315 E
Por la carretera SS 80, que va de L’Aquila a Amatrice, subiendo hacia el burgo de San Vittorino, se encuentra la iglesia románica de San Michele, construida sobre las catacumbas de San Vittorino, que conservan la tumba del mártir cristiano.
La historia de este complejo eclesiástico tiene sus raíces en la época romana. El cementerio subterráneo está formado por varios ambientes. La sala que acoge la tumba del Santo se caracteriza por el monumento encargado, como muestra la inscripción en mármol, por el obispo Quodvultdeus en el siglo V. En los demás ambientes de las catacumbas, todos intercomunicados, se han encontrado los restos de cristianos que pidieron ser enterrados junto al Santo.
La basílica construida encima, de planta longitudinal, surgió alrededor del año 763, primero dedicada a San Vittorino y después a San Miguel Arcángel y, por último, en 1170, consagrada a San Vittorino.
km 57.3
42.397 N - 13.315 E
Por la carretera SS 80, que va de L’Aquila a Amatrice, subiendo hacia el burgo de San Vittorino, se encuentra la iglesia románica de San Michele, construida sobre las catacumbas de San Vittorino, que conservan la tumba del mártir cristiano.
La historia de este complejo eclesiástico tiene sus raíces en la época romana. El cementerio subterráneo está formado por varios ambientes. La sala que acoge la tumba del Santo se caracteriza por el monumento encargado, como muestra la inscripción en mármol, por el obispo Quodvultdeus en el siglo V. En los demás ambientes de las catacumbas, todos intercomunicados, se han encontrado los restos de cristianos que pidieron ser enterrados junto al Santo.
La basílica construida encima, de planta longitudinal, surgió alrededor del año 763, primero dedicada a San Vittorino y después a San Miguel Arcángel y, por último, en 1170, consagrada a San Vittorino.
km 15.5
42.080 N - 13.412 E
A los pies del Monte Velino, en los alrededores de Avezzano (AQ), en el término municipal de Massa d’Alba, se encuentran los restos de Alba Fucens, importante ciudad romana construida en el año 303 a.C.
La ciudad debía su nombre a su peculiar ubicación, desde la que se podía ver el amanecer en el Lago del Fucino, siglos antes de su saneamiento, que tuvo lugar en 1876.
Diversos edificios públicos caracterizaban Alba Fucens: las murallas fortificadas con cuatro puertas de acceso, el mercado, las termas y el anfiteatro, donde se realizaban, como muestran las inscripciones, espectáculos de gladiadores. Las fortificaciones, en concreto, aparecen en buen estado de conservación, mientras que, gracias a los restos de otros edificios, aún se puede localizar el recorrido de las calles y la estructura urbanística, típicamente romana, con cardos y decumanos perpendiculares entre ellos, formando una división regular del territorio de la ciudad. En la colina que domina desde el oeste los restos del anfiteatro, se encontraba un templo dedicado a Apolo, lugar en el que se construyó en el siglo XII la iglesia de S. Pietro, que se destaca por sus mosaicos cosmatescos.
km 10.2
41.971 N - 13.460 E
Lucus Angitiae, conocido también simplemente como Angizia, es un yacimiento arqueológico situado en los alrededores de la Conca del Fucino y de la localidad de Luco dei Marsi (L’Aquila).
La antigua Lucus Angitiae era una verdadera ciudad-santuario en honor a la diosa Angitia donde, según las leyendas del lugar, los habitantes preparaban antídotos contra las serpientes. Aún se conservan en buen estado los restos de las estructuras fortificadas de la ciudad y del santuario de la diosa. En la misma zona, se destaca asimismo la iglesia de Santa Maria delle Grazie (siglo XIII).
42.008 N - 13.532 E
El Fucino es una meseta situada entre 650 y los 680 metros sobre el nivel del mar, en el área de Marsica, y ubicada entre Vallelonga y el macizo montañoso del Sirente-Velino. La meseta debe su nombre al preexistente lago homónimo que, en numerosas oportunidades a lo largo de los siglos, fue objeto de desagües para permitir la explotación del fértil terreno circunstante.
En un primer momento los romanos, a partir de César y hasta la época de Tiberio y Adriano y por fin, en la Edad Media con Federico II, intentaron llevar a cabo la empresa, con resultados desastros o meramente temporales. En la segunda mitad del XIX siglo fue el Marqués y Príncipe Alejandro Torlonia quien logró realizar el saneamiento. El nombre Fucino deriva de la presencia en el lago de un organismo acuático de un color rojo similar a aquel presente en el horno, fucìna, utilizado por los herreros.
Hoy sobre el perímetro del Fucino surgen diversas poblaciones como Trasacco, Luco dei Marsi, Avezzano, Celano, Aielli, Pescina, Cerchio, Ortucchio, San Benedetto y Gioia dei Marsi.