Home » En primer plano » Rutas por L'Aquila » Colinas, pueblos y valles entre la naturaleza y la cultura
Ruta para mountain-bike cuya parte central también se puede recorrer andando. Combina el conocimiento de un ambiente natural peculiar con la presencia de muestras históricas de diferentes épocas.
Autor: Sandro Cordeschi - Lhasa
El punto de partida es la antigua era del pueblo de Monticchio (lugar natal del héroe de guerra Andrea Bafile), actualmente lugar de encuentro popular, sobre todo en verano. Se cruza una parte del pueblo, a la derecha, en dirección a las colinas boscosas. Después de la última casa, se sube por un camino que al principio es ancho y bastante empinado y después se estrecha, convirtiéndose en un falso llano. Ahora conviene realizar una breve desviación del recorrido principal para llegar, por la derecha, al pueblo más espectacular de las dolinas, con sus paredes rocosas, que caracterizan el territorio.
Después se sigue por la llanura. Al final de la misma, el camino se vuelve pedregoso y dificultoso. A la izquierda, se disfruta de un panorama extraordinario de una gran parte del valle medio del Aterno y de sus pueblos. Una cuesta abajo corta pero difícil lleva al convento de Sant’Angelo d’Ocre, que antiguamente fue una ermita, cuya posición, a lo alto de una roca áspera, imita la de la Verna, en la provincia de Arezzo, lugar en el que San Francisco recibió los estigmas. El convento merece un descanso, también para visitar su interior. A la derecha, antes de salir a la carretera asfaltada, se encuentra una subida empinada donde no se pedalea fácilmente. Al final de la misma, a la izquierda, aparecen las ruinas del Castillo de Ocre, a las que se llega por caminos casi imperceptibles y señalizados esporádicamente. Hace falta paciencia y capacidad de orientación, pero las vistas que se disfrutan desde fuera del burgo fortificado, que no se puede visitar en su interior, son una recompensa adecuada para el esfuerzo. Se vuelve a bajar, por una carretera estrecha y tortuosa, pero asfaltada, hacia Fossa, centro de población que se observa claramente desde lo alto del castillo. Justo antes de dirigirse a la izquierda hacia la plaza grande del pueblo, conviene seguir en dirección al misterioso monasterio de Santo Spirito, actualmente un centro interesante de actividades culturales.
Paseando por las callejas de Fossa se puede observar desde dentro la estructura de un pueblo medieval inmerecidamente ignorado por el gran turismo. Destacan los restos del castillo y los signos de historias relacionadas con la presencia de numerosos santos y beatos. El interior de la iglesia románica de Santa Maria ad Cryptas es una verdadera joya. Su aspecto exterior no permite intuir el esplendor de los frescos que conservan sus paredes. Al llegar al valle del Aterno, se puede seguir, si se sigue con energía, hacia la antigua necrópolis (¿picena?) del siglo IX a.C., que, a pesar del negligente abandono del que sufre, mantiene el encanto de un pasado lejano y, en muchos sentidos, envuelto en el misterio. Desde la necrópolis, se vuelve en dirección al río. Cerca del mismo hay varios caminos cómodos y agradables que cruzan un camino para caballos y prosiguen hacia la derecha, entre campos cultivados, canales, vegetación de ribera y pequeñas construcciones rurales, hasta el punto de partida, al que se llega sin gran esfuerzo.
km 3.93
42.321 N - 13.465 E
Monticchio es un pueblo perteneciente al municipio de L’Aquila situado a unos 9 km de la ciudad que cuenta con casi mil habitantes. Surge en los alrededores de la agregación de la medieval Forcona, heredera de la antigua ciudad de Aveia. En 1254 participa en la fundación de L’Aquila, del barrio San Giorgio. Entre finales del siglo XIII y principios del XIV, Monticchio se convierte en sede de numerosos feudos de familias nobles y empieza a adquirir una identidad propia, gracias a la construcción de la iglesia parroquial.El obispado de Forcona se suprime en 1257 y es absorbido por la nueva Diócesis de L'Aquila, de la que se nombra Obispo Aquilano Berardo.En los años del Resurgimiento Italiano, Monticchio es sede de numerosos afiliados a la carbonería, hasta contar con la presencia del mismo Giuseppe Garibaldi.
En Monticchio nació, en 1878, Andre Bafile, teniente de la Marina galardonado con la Medalla de Oro al valor militar y a la memoria; dio su nombre al Liceo Científico de L'Aquila. Desde el punto de vista turístico, merece la pena visitar la iglesia parroquial de San Nicola di Bari, de una nave, y un palacete con pórtico de triple arcada.
km 2.31
42.300 N - 13.479 E
El Beato Bernardino da Fossa ubicaba la fundación del monasterio de Sant'Angelo d'Ocre en las primeras décadas del siglo XIII y atribuía la obra a la condesa Sibilla d'Ocre. El monasterio fue construido en un principio por las monjas benedictinas, para luego pasar a manos de los franciscanos, que aportaron ampliaciones y reformas, algunas obra del Beato Bernardino da Fossa, fraile cronista del que se conservan las reliquias.
Fue abandonado y después se utilizó como lazareto en el siglo XIX. Terminó por ser ultrajado durante la ocupación alemana, al ser quemada la amplia biblioteca con las decoraciones. La restauración del convento se alargó hasta principios de los años Setenta.
Domina el valle del Aterno, erigiéndose sobre un barranco en las pendientes del Monte Circolo, y cuenta con un claustro del siglo XIII de dos órdenes de arcadas. Formado por una sola nave, en su interior conserva bellísimos frescos tardo-renacentistas.
km 0.56
42.292 N - 13.488 E
Fossa surge en el valle llamado Valle Subequana, en las pendientes del monte Ocre, donde se extendía la antigua localidad de Aveia.
Conserva algunos tramos amurallados, tan como restos de viviendas, arcos, viaductos y acueductos. La necrópolis datada entre los siglos VIII y VII fue sacada a la luz en condiciones excelentes.
Merecen una visita la iglesia de la Assunta y la de Santa Maria ad Cryptas (que sufrió daños por el seísmo del 6 de abril de 2009), de estilo gótico cisterciense: está decorada con frescos de escuela benedictina y Toscana, datados respectivamente en los siglos XIII, XIV y XV.
También destacan las casas medievales, especialmente Palacio Bonanni.
km 2.6
42.296 N - 13.488 E
No lejos del núcleo medieval de Fossa se encuentra la iglesia gótico-cistercense de Santa Maria ad Cryptas, llamada también de Santa Maria delle Grotte, edificada en el siglo XIII. La únisca nave interna se presenta totalmente cubierta por dos ciclos de frescos, considerados entre los más importantes de Abruzos: en la pared derecha está un ciclo de finales del siglo XIII, y en la izquierda están representadas las Historias de la Virgen, de la escuela de Siena: probablemente se remontan al año del terremoto de 1349. En el presbiterio se puede admirar una pasión de Cristo.
Además de otras pinturas, es interesante la pequeña cripta con altar primitivo de piedra, el ábside cuadrado y el portal con dos leones en los capiteles.
42.311 N - 13.505 E
Uno de los mejores testimonios de los Abruzos protohistóricos, sacado a la luz en los años noventa, es la Necrópolis de Fossa, una verdadera joya histórica de la provincia de L’Aquila.
La mayor concentración de esas necrópolis se da en la zona de los Apeninos del centro de Italia (Terni, Tivoli, Borgorose, Scurcola, Celano, Fossa, Castelvecchio Subequo, Caporciano, Barisciano, Bazzano); son comunes también entre los pueblos picenos, etruscos y laciales.
La necrópolis de Fossa se encuentra en la zona que corresponde a la actual localidad de Casale y se extiende a lo largo del río Aterno. Pertenece al grupo de tumbas con círculos de piedras de la primera Edad del Hierro (siglos X-VIII a.C.), las que fueron encontradas sobre todo en el área de los Abruzos. En los siglos sucesivos, las tumbas más antiguas fueron utilizadas por los vestini y también por los romanos. El hallazgo más interesante de la última década, que tuvo lugar en la necrópolis de Fossa es, sin duda, el lecho funerario de hueso.
El lecho denota algunas peculiaridades: las cuatro patas representan el rostro de Dionisio, enmarcado por animales fantásticos y querubines a caballo de monstruos marinos. La presencia de estos objetos lujosos señala el prestigio que logró la zona de L'Aquila en la época romana, y explica sus relaciones con las ciudades mayores y más ricas del centro de Italia, en torno a las cuales gravitaba. El hallazgo del lecho se produjo en septiembre de 2000. Sucesivamente, fue restaurado por la Superintendencia Arqueológica de Abruzos, en los talleres del Museo Nacional de la Prehistoria de Abruzos de Celano (L’Aquila).