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Slow Food

Italia es un país de sabores y de buena cocina. Las maravillas culinarias de Italia han caracterizado desde siempre el estilo de  vida de sus habitantes. La calidad de sus vinos, aceites, productos lácticos, carnes y legumbres, así como la capacidad para prepararlos, rinden homenaje a una tradición en continua evolución, sinónimo de estilo de vida italiano y objeto de un turismo gastronómico que no conoce crisis.

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Para proteger y tutelar esta tradición frente al frenetismo de la vida moderna, en 1986, Carlo Petrini creó la asociación internacional sin ánimo de lucro denominada Slow Food.
Fundada en Bra con el nombre de Arcigola, su manifiesto de 1989 fue firmado por 13 personalidades de la cultura italiana, entre ellos el premio nobel Dario Fo.

Su estructura evolucionó hasta convertirse en  una asociación internacional que cuenta con más de 100.000 inscritos, con sedes en Italia y en el extranjero, y que tienen como misión afirmar la necesidad de una educación del sabor como mejor defensa contra la mala calidad de los alimentos industriales, así como para proteger las cocinas locales, los productos tradicionales, las especies vegetales y los animales en peligro de extinción.

Slow Food promueve un modelo de agricultura sostenible.
Por estos motivos la asociación organiza escuelas del sabor, cenas, viajes y degustaciones a través de sus 410 filiales italianas. Se presenta fuertemente involucrada en la defensa de la biodiversidad y en la defensa de  los derechos de las localidades a una soberanía alimenticia; determinada contra la homologación de los sabores y de la sabiduría culinaria, fiera adversaria de la agricultura masiva y de las manipulaciones genéticas, Slow Food se encuentra en el centro de la propuesta italiana de la Expo 2015: Nutrir el planeta, con sus 3500 metros cuadrados de exposición y espacio para conferencias.

En todas las grandes ciudades italianas se pueden degustar los alimentos seleccionados y certificados por Slow Food y en los lugares señalados con la famosa marca del caracol, también es posible adquirirlos. Además, cada vez son más los restaurantes italianos que ofrecen menús con degustaciones dedicadas al Slow Food.
Los centros de Slow Food italianos son más de 200 y reúnen 1600 pequeños productores: campesinos, pescadores, matarifes de cerdos, pastores, queseros, panaderos y pasteleros. Para obtener la marca "Centro Slow Food" es necesario que los productores del centro hayan firmado el acuerdo de disciplina de producción y se hayan asociado.

Slow Food ha creado además una etiqueta que suministra información detallada sobre los productores, empresas, tipos de vegetales y razas animales empleados, técnicas de cultivo, cría y tratamiento así como sobre la calidad de los animales y sobre el territorio de proveniencia. Según Slow Food, de hecho, la calidad de un producto alimenticio recorre un camino que parte del origen del mismo (el territorio) e incluye la técnica de cultivo, de elaboración, los métodos de conservación y, naturalmente, las características orgánicas y nutricionales del producto.

A partir de una idea de Slow Food ha nacido Terra Madre, el encuentro mundial entre las llamadas Comunitá del Cibo (Comunidades de los Alimentos). En contraposición al concepto de fast food, Slow Food significa “Dar la importancia debida al placer derivado de la alimentación, aprendiendo a disfrutar de la diversidad de recetas y sabores, a reconocer la variedad de los lugares de producción y de sus artífices y a respetar el ritmo de las estaciones y del compartir la mesa”