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Florencia y el Scoppio del Carro

Florencia y el Scoppio del Carro

Entre las celebraciones de Semana Santa más características del centro de Italia  se encuentra el Scoppio del Carro (Explosión del Carro) en Florencia, magnífica capital de Toscana además de patrimonio Unesco desde 1982.
Se trata de una celebración que se remonta a los tiempos de la primera cruzada, llevada a cabo para liberar el Santo Sepulcro de las manos infieles.
Según la tradición, al cruzado florentino que subió en primer lugar  a la muralla de Jerusalén, le fueron donadas tres lascas del Santo Sepulcro, hoy conservadas en la Iglesia de los Santo Apóstoles.
Según los historiadores, una vez liberada Jerusalén, el Sábado Santo, los cruzados se dirigieron a la Iglesia de la Resurrección y entregaron a todos el fuego bendecido como símbolo de purificación.

De esta ceremonia deriva la costumbre pascual de los florentinos de dirigirse a la catedral y encender un cirio de Fuego Santo –encendido a su vez con las chispas obtenidas de la fricción de las tres lascas- para posteriormente partir en procesión por la ciudad llevando el Fuego Santo a cada casa.
Con el paso del tiempo el desarrollo de esta celebración se estructuró cada vez más hasta que se introdujo el transporte del Fuego Santo en una carroza con carbones ardientes. En torno al siglo XIV se usaron los fuegos artificiales en el Scoppio del carro.

Una carroza es transportada por bueyes blancos desde la Plazoleta del Prado hasta la Iglesia de los Santísimos Apóstoles de Florencia y una “paloma” (representada por un cohete semejante a un pichón blanco), enciende los fuegos artificiales contenidos en la carroza.
Se tensa una cuerda que parte del coro de la iglesia y llega hasta la carroza a lo largo de la cual se desliza la “paloma”; una vez prendidos los fuegos artificiales, la paloma debe volver al Altar Mayor desde donde ha partido, haciendo todo el recorrido en sentido contrario. 

La tradición dice que si el encendido resulta perfecto y la “paloma” vuelve hasta el altar sin dificultad a Florencia le espera un año positivo; de hecho esta fiesta ha atraído desde siempre una gran multitud de turistas, habitantes y, sobretodo, un gran número de campesinos que esperan los auspicios de buenas cosechas. La última vez que “la vuelta” no llegó a buen fin fue en 1996, precisamente el año de la inundación.