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La Vía Francígena

Al final del primer milenio, numerosos peregrinos atravesaban Europa para dirigirse en oración hacia la tumba del apóstol San Pedro en Roma, o bien proseguir hacia Tierra Santa,  Jerusalem. La peregrinación asumió tal importancia que se desarrollaron auténticas “vías de la fe” sembradas de lugares donde pararse, con aldeas y abadías para acoger a los peregrinos. Entre las más importantes se encontraba la Vía Francígena, que sigue desarrollando hoy en día un papel preponderante. Monteriggioni

Historia
El nombre de Francígena hace referencia a la vía o las vías que “desde las tierras de los francos” permitía a los peregrinos del otro lado de los Andes llegar a Roma.
El acceso a Italia por los Alpes llevaba a los peregrinos a través de las calzadas romanas (en concreto la Vía Apia), para llegar a Roma para la oración;  tras la difusión del “itinerario de Sigerico” comenzaron a recorrerse por etapas.
El abad Sigerico, de hecho, nombrado obispo de Canterbury en el año 990 por el papa Juan XV, en su diario narra su recorrido a través de las 80 localidades atravesadas por él desde Canterbury hasta Roma para recibir la investidura, con un detalle y una precisión tales que se convirtió en una referencia para muchos peregrinos que, en la época en la que la imprenta no existía, se transmitían la información a través del boca a boca.

La Vía Francígena se convierte de este modo en un recorrido privilegiado y, sucesivamente, en un canal de comunicación decisivo para la consecución de la unidad cultural de la Europa medieval.
La Vía Francígena se transformó progresivamente en una ruta comercial de las especias, la seda y demás mercancías provenientes de oriente destinadas a los mercados del norte de Europa, pasando por Italia. Con el desarrollo del comercio y la aparición de recorridos alternativos durante los siglos sucesivos, la vía perdió su preponderancia y cambió su nombre por el de Vía Romea, que evidenciaba más claramente su destino hacia los restos de San Pedro, en la Ciudad Eterna. 

La Vía Francígena hoy
Hoy en día la Vía Francígena italiana nos conduce a través de distintas regiones: Lacio, Toscana, Emilia RomañaLiguria y Piamonte, y goza de una gran celebridad en parte debido a un nuevo impulso espiritual, en parte a la valorización llevada a cabo por las instituciones europeas. Desde 1994, de hecho, la Vía Francígena ha sido declarada “Itinerario Cultural” por parte del Consejo de Europa

El trayecto original, desde Canterbury hasta Roma, constaba de 1600 km y la dificultad del recorrido suponía en sí mismo una penitencia. El recorrido a pie exponía a los peregrinos a todo tipo de peligros, animales, temperaturas, intemperie, etc. motivo por el cual a lo largo del eje de la Francígena se desarrollaron las primeras aldeas y posteriormente ciudades, como Siena o San Gimignano, así como otros burgos llenos de obras artísticas más o menos importantes.

Hoy se está a salvo de los peligros de un tiempo y recorrer la Vía Francígena es una ocasión para renovar la relación con la naturaleza y con el territorio, así como con la historia, las tradiciones y el folklore de sus gentes. El camino de la Francígena, ya no es sólo un recorrido espiritual interior, sino que supone para los turistas y peregrinos modernos un viaje a las raíces de la cultura italiana y europea. Viaje que discurre a través de los prados de Val de Aosta, los campos arados de Piamonte, las aguas del Po, las colinas de Emilia Romaña, las pendientes de Toscana y Siena y los lagos de Lacio, hasta llegar a Roma.

Curiosidades
El tramo italiano de la Vía Francígena, es decir, el que va de Gran San Bernardo a Roma, cuenta con 945 km de largo.
En lo que respecta al tiempo que se tarda en recorrerla puede variar mucho, pero si consideramos una media de 20 km de camino recorridos al día o 60, si se usa la bicicleta, se tardaría un  mes y medio a pie o quince días en bicicleta.