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Gubbio y la Fiesta de los “Ceri”

Construida en la pendiente del Monte Ingino y atravesada por el Camignano, Gubbio es una magnífica ciudad medieval de Umbría, rica de historia y monumentos que desde siempre ha fascinado a ilustres viajantes y escritores, como Gabriele D’Anunzio o Herman Hesse para el cual “Produce un efecto absolutamente sorprendente y tiene algo de inverosímil y perturbador””. Testigos  de su mayor grandeza son las “Tablas Eugubinas” del siglo III-I a.C (siete tablas de bronce escritas en lengua umbra conservadas en el Museo Cívico, consideradas uno de los más importantes documentos itálicos), los restos de teatro romano (finales del siglo I a.C.,  inmediatamente fuera de la muralla) y numerosos hallazgos de la Edad de Bronce. Sin embargo es el aspecto medieval el que emerge de la ciudad hoy, con la disposición urbana tal y como nació en el período en que se crearon los municipios, conservada intacta incluso en sus edificios, con el material original y característico: la piedra.

Una vuelta por la sugestiva Gubbio debe partir del magnífico centro monumental de la Plaza Grande (finales del XV), también llamada Plaza de la Señoría, que alberga los edificios públicos, en pasado sede de las dos magistraturas civiles: el Palacio de los Cónsules, imponente construcción de estilo gótico completada hacia el 1340, que hoy acoge el Museo Cívico y el incompleto Palacio de la Podestá, hoy Ayuntamiento.
Además destaca el Palacio Ducal edificado a partir del diseño de Francesco di Giorgio Martini, por voluntad de Federico de Moltefeltro. No hay que perderse las seis puertas que se abren a lo largo de las murallas, edificadas a finales del siglo XIII y bien conservadas: en algunas de ellas son visibles fragmentos de decoración pictórica, escudos de la ciudad y antiguos batientes de madera.De notable interés es la Catedral de los Santos Mariano y Santiago (siglos XIII-XIV) con la fachada decorada con los símbolos de los evangelistas (tetramorfos): el águila de San Juan, el león de San Marcos, el ángel de San Mateo y el toro de San Lucas, el interior se dispone a través de una única nave restaurada al inicio del siglo XX.

No hay que olvidar las iglesias de San Agustín, San Doménico, San Pedro y San Juan y la iglesia de San Francisco (siglo XIII) en cuyo ábside se pueden admirar los bellos frescos de Ottaviano Nelli.Aquí, en la amplia plaza a los pies de la ciudad, en un tiempo lugar de mercado, se puede admirar la larga “Loggia dei Tiratori”, edificada en 1603 por la corporación de tejedores de lana que la utilizaban como espacio para planchar los tejidos.Es casi una obligación hacer una excursión por los alrededores de Gubbio, donde se encuentra la garganta de Bottaccione con construcciones de varias épocas, desde el acueducto medieval a la ermita de San Ambrosio o a la iglesia de la Vittorina (siglo XII), construída en el lugar en el que, según la tradición, San Francisco se encontró con el lobo de Gubbio.Para concluir  se aconseja una vista a la Basílica de San Ubaldo, casi en la cima del Monte Ingino y accesible a través de un cómodo teleférico, que conserva el cuerpo incorrupto del santo patrón de la ciudad y los “ceri” de Gubbio.

LA FIESTA DE LOS “CERI”

La fiesta de los “Ceri” tiene lugar cada 15 de mayo durante la vigilia de la fiesta del protector San Ubaldo. Los “Ceri” son tres altas y pesadas elaboraciones en madera coronadas por las estatuas de San Ubaldo (patrón de los albañiles), San Jorge (protector de los merceros) y San Antonio Abad (protector de los burreros y de los campesinos). Los “ceri” se transportan sobre la espalda en una carrera a través de las calles de la ciudad hasta la Basílica de San Ubaldo, en la cima del Monte Ingino por los llamados “ceraioli” (los espalderos). Es espectacular la ceremonia que precede a la carrera: en la Plaza Grande, a mediodía, tiene lugar la denominada “alzada” de los “ceri” y las tres vueltas a la plaza. Después de haber efectuado la “exposición” por las calles de la ciudad, se depositan en la calle Savelli, hasta el momento de la carrera.
Por la tarde comienza en la Catedral la procesión con la estatua de San Ubaldo hasta lo alto de la calle Dante, donde el obispo bendice los “ceri”, que inician de este modo la carrera por las principales calles de la ciudad. De vuelta a la Plaza Grande realizan otros tres giros y llegan a la Puerta del Ángel donde inicia el ascenso hasta el Monte Ingino. 

Los “ceri” se depositan en la Basílica de San Ubaldo, mientras las estatuas de los tres santos se llevan a la ciudad entre cantos y velas. La fiesta parece tener sus orígenes en antiguos rituales propiciatorios de la primavera, pero sólo su carácter cristiano y celebrativo en honor de san Ubaldo aparece documentado e históricamente probado.

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