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Nápoles

Nápoles es una de las más grandes y encantadoras ciudades artísticas del Mediterráneo. Capital de la región Campania es, por su tamaño, el tercer municipio italiano después de Roma y Milán. La ciudad domina el homónimo golfo que se extiende de la península sorrentina hasta la zona volcánica de Campos Flegreos y ofrece una vista sumamente evocadora, con el imponente volcán Vesuvio y, a lo lejos, sus tres magníficas islas –CapriIsquia y Procida- que parecen pequeñas joyas surgidas del mar. Además de sus espléndidos paisajes, Nápoles debe su merecida fama  también al bello casco histórico que cuenta con 2500 años de historia y ha sido incluido en 1995 en la World Heritage List e la UNESCO.Nápoles - AtardecerNápoles es una ciudad donde los estratos históricos y arqueológicos crean itinerarios sumamente peculiares y atractivos. Poco queda de “Partenope”: la ciudad griega original, que se puede admirar en las murallas griegas de vía Mezzocannone. Las ruinas romanas son más numerosas: entre las muchas que se sitúan en el centro destacan las excavaciones de San Lorenzo el Mayor, que acoge parte del ágora griega del siglo V a.C. y numerosos restos romanos de una época en la que la ciudad era ya una “metrópolis”, constituida por la unión entre “Palaepolis” (la ciudad antigua) y “Neapolis” la ciudad nueva, fundada alrededor de los siglos VI-V a.C.

La vida cotidiana y artística de Nápoles de desarrolla en sus calles y en sus barrios llenos de vida y de monumentos, desde Sanità y los Barrios Españoles del siglo XVI, zona popular llena de colorido y floklore, hasta los itinerarios que se articulan a lo largo de las vías principales. Respirando el ambiente de la calle principal “Spaccanapoli” (literalmente, “Partenápoles”, llamada así porque divide en dos la ciudad antigua), los visitantes podrán iniciar con la Iglesia del Jesús Nuevo, con su fachada recuperada de un palacio señorial del siglo XV, pasar por la Basílica de San Doménico el Mayor, de la época de dominación Anjou-Sicilia, hasta llegar, subiendo por la calle del Duomo, a la magnífica Catedral. Restaurada en varias ocasiones debido a los terremotos, la Catedral (il Duomo) se desarrolla sobre edificios prexistentes y debe la verticalidad de su fachada actual a Enrico Alvino, arquitecto del siglo XIX. En su interior se puede visitar la Capilla del Tesoro de San Genaro que custodia, entre otras cosas, reliquias de la sangre santa.

Un segundo recorrido parte de la plaza Bellini, lugar de cafés literarios, y prosigue  por los pórticos medievales del Palacio de Felipe de Anjou en vía Tribunali hasta llegar al Castillo Capuano, de época normanda, como la fortaleza, convertido posteriormente en palacio nobiliario. Se trata de uno de los cuatro castillos que dominan Nápoles junto con el Castillo Sant’Elmo, desde el que se admira la Spaccanapoli, el Castillo dell’Ovo, situado en un islote unido a tierra firme por un puente y la fortaleza-palacio de Castel Nuovo, también conocido como “il Maschio Angioino”. Éste último fue realizado a finales del siglo XIII bajo el reinado de Carlos I de Anjou  mientras su espléndido arco del triunfo fue construido por decisión del rey Alfonso I de Aragón y proyectado por Pietro de Martino y Francesco Laurana.

Desde el Maschio Angioino puede partir un itinerario hacia la plaza del Plebiscito, enmarcada por la Basílica de San Francisco de Paula, que evoca en su forma al Panteón. Entre los edificios dignos de ver se encuentra también el Monasterio de Santa Clara, con las espléndidas decoraciones del Claustro de las Clarisas, la Basílica de San Lorenzo el Mayor, que conserva restos de estructuras greco-romanas en su claustro interno, el Palacio Real de Capodimonte, con la Galería Nacional que expone obras de Tiziano, Rafael, Correggio, Masaccio, Mantegna y Caravaggio y varios museos como el Museo Cívico Gaetano Filangieri.

La intensa vida cultural de esta capital del arte se desarrolla también, además de en los museos como el MADRE, en los cafés de la Galería Umberto I y en los locales que se llenan de vida incluso por la noche, cuando Nápoles se convierte en la ciudad de los estudiantes, de los músicos, de la pizza y de las buenas compañía.