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La Apulia de Federico II

L'Apulia es una región formidable que ofrece a sus visitantes espléndidos paisajes, un mar incontaminado y arte y cultura ilimitadas. Desde las playas del Salento hasta los lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, como Alberobello, sin olvidarnos de los maravillosos edificios mandados construir por Federico II de Hohenstaufen, gran amante de esta tierra, a la que obsequió con monumentos de inestimable valor. Castel del MonteEmpezando por el imponente y sugestivo Castel del Monte, que también forma parte del patrimonio de la Unesco. Construido en el siglo XIII, domina, con su maciza estructura octogonal, el pequeño tramo de las Murgias occidentales.
Imponente, y con una estructura similar a la de Castel del Monte, era el Castillo Suevo Angevino de Lucera. Poco se conserva de este palacio imperial de base cuadrangular. En cambio, aún se conservan los muros con torres levantadas por Carlos de Anjou.

Un lugar muy amado por Federico II fue Apricena, donde construyó la Domus Precina, una residencia invernal sobre cuyos restos se levantó un magnífico castillo en 1658. El antiguo asentamiento de Castelpagano – con la aldea y la fortaleza –  también está vinculado históricamente a la Domus Precina.  Federico II lo restauró para sus cacerías e instaló en sus dependencias a una guarnición de secuaces sarracenos.

También perteneció a Federico el Castillo de Monte Sant'Angelo. Ya fortificación normanda edificada sobre una estructura defensiva de época lombarda, sufrió numerosas restauraciones con el emperador, que se alojó aquí junto a su amante Bianca Lancia, y donde nacieron dos hijos. Posteriormente, los angevinos y los aragoneses realizaron diferentes modificaciones.
Federico de Hohenstaufen también vivió con Bianca Lancia en el castillo de Gioia del Colle, que además de a finalidades defensivas, también estaba destinado a morada real. Edificado por los normandos en el año 1100, sufrió por voluntad del emperador una notable ampliación, así como la restauración del patio, los cuerpos de fábrica correspondientes al mismo y la Torre dell'Imeratrice (Torre de la Emperatriz).

Es uno de los lugares más bellos de la espléndida ciudad de Trani: se trata del castillo suevo, morada predilecta de Manfredi, hijo de Federico II, que celebró allí sus segundas nupcias con Elena d’Epiro. Modificaciones posteriores han trastocado la antigua estructura, a la que pertenecen el torreón, las tres torres angulares y el pabellón hacia el mar.

En la ciudad de Fiorentino, lugar en el que murió el emperador en 1250, se encuentra otra residencia imperial de la que se conserva una bóveda de crucería ojival y un tramo del muro, fragmentos de capiteles, columnas, cornisas y cristaleras policromas que atestiguan la riqueza de la decoración del palacio, que, por desgracia, fue usado posteriormente como cantera de piedras.
Otro imponente castillo, que lamentablemente no se puede visitar, es el de Vieste, en lo alto de un precipicio sobre el mar, en el que el emperador se alojó sólo en dos ocasiones. Construido en 1240 como “palacio y fortaleza real” como parte de un proyecto de fortificación costera, fue modificado radicalmente por las restauraciones españolas llevadas a cabo entre 1535 y 1559.

Un macizo castillo cerrado por vertiginosos e inaccesibles torreones cuadrangulares domina la ciudad de Bari. Su núcleo original se remonta a la época normanda-sueva. Dañado en 1156, alrededor de 1233 Federico II lo restauró y ennobleció, otorgándole el aspecto de una residencia. Los españoles también realizaron diferentes modificaciones.

La ciudad de Brindisi también estuvo vinculada a Federico. En efecto, fue aquí donde el emperador ordenó construir un edificio de planta cuadrangular con torreones angulares y rodeado por un foso: según cuenta la tradición, se alojó aquí con su segunda esposa, Yolanda de Jerusalén. El castillo, cuyo aspecto actual es obra de Fernando I (1481) y Carlos V (1550), es la sede del Comando Militar de la Marina.
El Castillo de Oria, en cambio, tenía únicamente finalidades defensivas, y destaca por su grandiosa y espectacular construcción triangular que engloba la maciza torre cuadrada.

Otro lugar importante es el castillo de Barletta, donde en 1228 el emperador celebró la famosa Dieta antes de marcharse a las Cruzadas. De época romana, conserva símbolos iconográficos suevos como el águila imperial que aprieta entre sus garras una liebre, esculpida en las lunetas de algunas ventanas.

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