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Cafés históricos de Florencia

Conocer Florencia, a través de sus edificios, sus monumentos y sus museos es un modo eficaz para describir el encanto de la ciudad de los Médici, encanto que ha permanecido intacto a lo largo de los siglos. Visitar sus cafés históricos es entrar en su alma y su historia. Se descubre de este modo que la suerte de algunas de las calles y plazas más famosas de Florencia están unidas precisamente a estos importantes lugares de encuentro. Es, por ejemplo, el caso de la Plaza de la República.
La Plaza de la República es una de las más bellas plazas de Florencia, pero contrariamente a lo que se puede pensar, su fama no proviene de la arquitectura o de su famoso arco, sino de los cafés literarios que en ella se encuentran: el Caffé Le Giubbe Rosse, el Caffé Gilli y el Caffé Paszkowski. Los tres han contribuido en mayor o menor medida a uno de los más importantes fenómenos culturales del siglo XX, el Futurismo, movimiento artístico y literario que celebra los mitos de la modernidad: fuerza, velocidad y potencia como encarnación de la técnica y del progreso.Caffé Le Giubbe Rosse
El Caffé Le Giubbe Rosse, del 1827, toma el nombre de los uniformes que llevaban sus camareros y, a inicios del siglo XX, era el lugar preferido de numerosos intelectuales de la época. Tras la publicación del Manifiesto Futurista del 1909 se convirtió en la sede permanente de los futuristas florentinos y especialmente de Tomasso Filippo Marinetti, Umberto Boccioni y Carlo Carrá, transformándose sucesivamente en un lugar de encuentro de literatos y tanto italianos como extranjeros. Inicialmente había sido un círculo de ajedrez – se dice que aquí estuvo Lenin - y no perderá nunca totalmente esta vocación. En el período de entreguerras acogió la famosa revista “Solaria”, que dará a conocer a los italianos escritores como James Joyce, Kafka o Virginia Woolf.
Sus paredes acogen hoy exposiciones personales y se adornan con cuadros futuristas y neo futuristas dentro de un ambiente elegante pero informal, donde se pueden degustar los platos típicos de la cocina florentina. Son muchas las fotos, los dibujos y recuerdos de su célebre frecuentadores y sigue siendo hoy un centro de la cultura y del arte.

Caffè Concerto Paszkowski
El Caffé Concerto Paszkowski nació allá por el 1846 como cervecería pero pronto se convirtió en Caffé Concerto, donde se exhibía la famosa Banda Paszkowski y una, muy poco frecuente en la época, orquesta femenina. Este café cervecería se convierte en seguida en un punto de encuentro para los protagonistas de la vida literaria y artística del siglo XX. A principios de la posguerra su vocación musical se decantará definitivamente hacia el cabaret. Hoy sigue conservando esta antigua vocación musical, bien representada por los artistas que se exhiben aquí. También tienen lugar convenios y desfiles de moda, mientras que sus salas de té son un destino obligatorio para los turistas de visita que quieran concederse un descanso. Desde 1991 ha sido declarado monumento nacional.

Caffè Gilli
A principios de siglo también el Caffé Gilli fue un elegante café literario, frecuentado por artistas e intelectuales como Marinetti y Ardengo Soffico. Una cafetería de estilo Belle Époque con paredes de color marfil, lámparas de cristal de Murano, techos con frescos y arcos que confirman el buen gusto y la calidez de los cafés florentinos.
Muchos son los testimonios fotográficos de artistas internacionales inmortalizados dentro de sus salas. Sin embargo, es fuera del Caffé Gilli donde se hizo la famosa fotografía de Ruth Orkin “American girl in Italy, 1951”. La foto con la americana de 23 años Ninalee Craig que camina por la acera frente al bar rodeada por las miradas admiradoras de sus jóvenes clientes, se ha convertido con el tiempo en un conocidísimo icono del cine y de la fotografía.

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El Futurismo
El Futurismo, movimiento artístico cultural del siglo XX nace en Italia y se difunde a nivel internacional en un período de profundas transformaciones sociales y políticas. Descubrimientos e inventos que modificaban la percepción del tiempo y del espacio eran objeto de estudio y de análisis político y económico y sus metáforas dieron impulso a nuevos estilos y contenidos artísticos y literarios. Crecidos con el mito de la velocidad, los futuristas buscaban idealmente “quemar los museos y las bibliotecas” para romper con el pasado y concentrarse en un presente en continuo movimiento: el futuro al alcance de la mano gracias a la electricidad, a los aviones y al telégrafo.