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Pistoya

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  • Qué ver
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A pocos kilómetros de la parte más conocida de la Toscana, fuera de los recorridos más frecuentados, la provincia de Pistoya, con sus maravillas paisajísticas y su nutrido patrimonio artístico y cultural, supone un auténtico descubrimiento.

Del turismo artístico al de montaña, de las termas a los congresos y encuentros, del turismo verde al gastronómico, rica y variada es la oferta territorial, disponible en cualquier periodo del año que acoge al viajero curioso.
En la ciudad artística de Pistoya y Pescia, Edad Media, Renacimiento y barroco se desvelan a través de palacios, logias e iglesias; el itinerario puede proseguir a través de burgos, castillos e iglesias no menos llenas de testimonios históricos y artísticos.
Los amantes de la naturaleza pueden admirar la extraordinaria variedad de paisajes y ambientes naturales: las suaves colinas del Montalbano y de Svizzera Pesciatina, el verde estivo y las nieves invernales de la montaña, las zonas húmedas de los pantanos de Fucecchio y de Querciola di Quarrata, el verde de los invernaderos.

Para los aficionados al deporte se puede esquiar en la conocida estructura turística con centro en Abetone, ir en bicicleta o sencillamente disfrutar de unas vacaciones activas en un escenario agradable y relajante.
Los que buscan regenerar cuerpo y espíritu pueden encontrar relax y bienestar en los famosos centros termales de Montecatini Terme y Monsummano Terme.
La familia que viaja junta dispone de varias opciones para la diversión de los más pequeños, por ejemplo con una visita a Collodi, lugar que ha visto nacer al muñeco de madera más famoso del mundo: Pinocho.

Los amantes de la buena mesa podrán descubrir los sabores genuinos y auténticos probando productos típicos, platos y exquisiteces locales tanto en pequeños restaurantes como en las numerosas ferias y fiestas.
Los que estén interesados en el patrimonio cultural, religioso y popular pueden entrar en estrecho contacto con el territorio y la historia milenaria a través de las tradiciones folklóricas, festejos, ferias y fiestas.

El territorio ofrece innumerables oportunidades para disfrutar de la cultura; museos, que acogen  interesantes y ricas exposiciones, eventos culturales, espectáculos teatrales y musicales, visitas guiadas de todo tipo organizadas durante todo el año, incluso durante los meses de invierno. No hay que perderse el Ecomuseo de la Montaña Pistoyesa, que con sus itinerarios temáticos al aire libre y sus centros didácticos, narra la historia, las tradiciones y la cultura de la montaña en un modo singular.
Son varias las ofertas turísticas de los grandes hoteles y los pequeños y agradables bed&breakfast, agroturismos, refugios y campings.

Visitar el casco histórico de Pistoya es como hacer un viaje en el tiempo.
Pistoya es una ciudad de múltiples facetas, que sorprende por su elegancia y su refinada belleza.
El pasado de esta ciudad de Toscana de origen romano se hace enseguida evidente cuando, visitándola, uno se adentra en un inesperado recorrido de iglesias, claustros, palacios y tesoros artísticos no sólo del pasado sino también recientes. Entre las callejuelas medievales y las plazoletas irregulares, surgen prestigiosos palacios y pequeñas casa-torre dentro de una ciudad sorprendente, de una belleza discreta, perfecta para el que ama un tipo de turismo lento y de calidad.

No lejos de Pistoya se encuentra Pescia, una pequeña localidad con mucho que ofrecer a los amantes del arte y de la naturaleza. Ciudad de origen medieval, nace en las orillas del río que la da nombre: a la derecha del río Pescia se desarrolla el centro civil, con la característica gran plaza alargada y, a la izquierda, el centro religioso. Entre las cosas que hay que ver citamos la Catedral, reconstruida a finales del siglo XVII y, casi enfrente, la Iglesia de San Julián. Cerca de la Catedral, el claustro del Seminario y la Iglesia del Oratorio de San Antonio Abad que custodia la escultura de madera del siglo XIII llamada “Los Santos Feos”. El Museo Cívico y la colección de yesos Libero Andreotti.

Cursos de agua y bosques de castaños, molinos y restos de antiguas murallas, rincones pintorescos que se abren al valle y que ofrecen interesantes excursiones entre naturaleza e historia: es la Svizzera Pesciatina, situada al norte del municipio de Pescia, llamada también Valleriana, pero más conocida con el otro nombre en honor a Giovan Carlo Sismondi, historiador y economista de Ginebra que encontró aquí los paisajes y colores de los valles de su Suiza natal. Entre colinas y montañas surgen, en un tipo de piedra arenaria llamada pietra serena (la cual se sigue extrayendo y trabajando) diez burgos medievales llamados castella (castillos): Pietrabuona, Medicina, Fibbialla, Arammo, Sorana, San Quirico, Castevecchio, Stiappa, Pontito y Vellano.
Todos los castillos están unidos a través tanto de un camino asfaltado como de recorridos para excursionistas que permiten visitar la Svizzera Pesciatina en cinco etapas, con 4-6 horas de camino al día y con la posibilidad de descansar en los refugios.

No hay que dejar de ver el Pantano de Fucecchio, situado en Valdinievole, en la parte sur de los Apeninos de Pistoya, entre Montalbano y las Colinas de las Cerbaie. Se trata de  un terreno pantanoso que acoge plantas de diferentes climas y que desempaña un papel fundamental en las rutas migratorias entre la costa del Tirreno y el interior; aquí se pueden observar durante el año más de 190 especies de aves, de las que al menos 70 anidan en la zona.

La zona de Montalbano, tierra llena de historia, arte y tradición y una de las más bellas de Toscana, abarca una amplia zona entre las provincias de FlorenciaPistoya Prato. Sus colinas sembradas de seculares castaños, viñedos y olivos, ofrecen al turista un paisaje rural conservado casi intacto, meta de excursiones y paseos al aire libre. A través de los itinerarios de la “Ruta del aceite y del vino de Montalbano-Colinas de Leonardo” se pueden degustar las producciones típicas locales y al mismo tiempo visitar los bellos burgos que caracterizan estos lugares vividos y amados por Leonardo.

La montaña pistoyesa es un verdadero paraíso para los amantes de los deportes de invierno. Aquí se encuentran algunas de las estaciones de esquí más bellas y mejor equipadas de los Apeninos Toscanos, como la de Abetone y la Doganaccia.
Se trata de infraestructuras perfectamente equipadas con refugios situados en los puntos de partida de las estaciones así como en la parte alta y que ofrecen comida, relax y panoramas que cortan la respiración.
Durante el verano estos centros aparecen ocupados igualmente por parte de los turistas y de todos aquellos que quiere sentir el contacto directo de la naturaleza. Los numerosos trazados para hacer excursiones, la variedad amplia de ofertas deportivas, la naturaleza espléndida, el aire puro y la buena cocina constituyen una mezcla regeneradora que no se puede dejar escapar.

 En la provincia de Pistoya surge el pueblo de Pinocho: se trata de Collodi, famoso por haber dado el pseudónimo a Carlo Lorenzini, autor de “Las aventuras de Pinocho”. No hay que perderse el Parque de Pinocho, dedicado al famoso muñeco, obra maestra de arte ambiental, donde es posible hacer un recorrido a través del cuento con las creaciones de famosos artistas del siglo XX como Giovanni Michelucci, Emilio Greco, Venturino Venturi o Pietro Porcinai. Otro espacio interesante en Collodi es la Villa Garzoni con su monumental jardín de estilo italiano y la Butterfly House, frondoso jardín tropical que alberga miles de mariposas provenientes de todo el mundo.

En la provincia de Pistoya se puede elegir entre numerosos itinerarios.
La Toscana de estos itinerarios es una tierra aún no excesivamente conocida, lejana de las atestadas rutas turísticas. Pistoya y su provincia esperan aún ser descubiertas a través del caminar pausado, de las actividades deportivas, del arte, de la gastronomía y de la música.

El de Pistoya es un territorio rico en tradición.
En la ciudad y en los pequeños pueblecitos, durante todo el año, se reviven acontecimientos históricos, conmemoraciones religiosas, manifestaciones folklóricas, festivales, ferias y fiestas que tienen sus raíces en la cultura del pueblo toscano, ofreciendo infinitas oportunidades a todos aquellos que buscar sumergirse en la historia milenaria de esta provincia.
Durante dichos eventos es siempre posible degustar los productos y platos típicos locales.

En el territorio de Pistoya tienen lugar importantes festivales musicales: el Pistoia Festival ofrece durante todo el mes de julio numerosas citas musicales, de cine, literatura y tradiciones. Desde la ópera hasta el cine al aire libre pasando por las fiestas del santo patrón, Santiago. Sin embargo el acontecimiento más importante es el Pistoia Blues, uno de los más conocidos e importantes festivales de música blues del mundo.
En julio y agosto tiene lugar el “Itinerari Musicali – Festival Sentieri Acustici”, una iniciativa promovida por el Asesorado a la cultura de la Provincia que prevé conciertos gratuitos en las plazas y los rincones más bellos de los burgos medievales del territorio de Pistoya, proponiendo artistas emergentes junto a los artistas más conocidos.

No hay que perderse la Justa del Oso (en Pistoya, cada 25 de julio, el día de Santiago, patrón de la ciudad), un torneo ecuestre en el que cuatro barrios de la ciudad se baten en una competición de habilidad en la bella Plaza del Duomo, recubierta, para la ocasión, de tierra.

La tradicional fiesta de San Bartolomé se desarrolla en Pistoya el 24 de agosto. Se remonta al siglo XV cuando se introdujo la costumbre de ungir la frente, en el día del santo protector de la infancia, de los más pequeños para protegerlos de los malos espíritus.

En Pescia, en la bonita Plaza Grande, el primer domingo de septiembre se celebra una gran fiesta: El Palio dei Rioni, una competición de tiro con arco entre cuatro barrios, que tiene origen en el año 1339. Los festejos inician el domingo precedente a la competición, con un mercado medieval y durante toda la semana se desarrollan en la plaza principal y en los distintos barrios cenas y conmemoraciones históricas.

La provincia de Pistoya presume de numerosos productos alimenticios de excelente calidad que garantizan la bondad y la excelencia que derivan del territorio en el que se han producido. Fruto de la obra del hombre y de su profunda unión con el ambiente, muchos de los productos típicos de esta zona han alcanzado niveles de excelencia.
Fantasía, creatividad y pasión son los valores añadidos que han permitido a muchos productos ser conocidos más allá de las fronteras regionales y nacionales.

También en esta parte de la Toscana, para apoyar las pequeñas producciones que, de otro modo, podrían desaparecer, valorizar el territorio y recuperar los oficios y las técnicas de trabajo tradicionales, han nacido los controles slow food para la biodiversidad como la Alubia de Sorana o el queso Pecorino de la Montaña Pistoiese.
Entre los productos típicos se encuentran las setas de la montaña pistoyesa, las castañas, el pan, los embutidos, el aceite, el vino, el chocolate en la famosa Chocolate Valley, los barquillos de Montecatini Terme, los brigidini de Lamporecchio y las peladillas de Pistoya.

El amor por la buena mesa del pueblo toscano es universalmente conocido.
La cocina de Pistoya es sobre todo una cocina rústica, simple, a base de sabores genuinos que se han mantenido increíblemente inalterados. Dominan los elementos típicos de la tradición campesina: el pan sin sal (fresco, tostado o seco es la base de tantos platos desde la sopa de col o la ribollita a la papa al pomodoro, los crostini Neri o la panzanella); las verduras (que dan vida a exquisitas sopas y deliciosos fritos); las legumbres (buenísimas con tomate y romero o con salvia y aceite, son un ingrediente de excepción en las sopas).
Todo ello acompañado de un óptimo, denso y perfumado aceite de oliva.
No se puede dejar de mencionar los platos de carne, desde el bistec a la florentina y el lomo de cerdo hasta los más pobres a base de menudillos, para concluir con las recetas de pollo o de carne de caza.

Estos deliciosos platos vienen servidos junto con un buen vino tinto, blanco o rosado, vinos locales conocidos más allá de la región.
Los dulces típicos de la pastelería de Pistoya, como en toda Toscana, presentan la particularidad de ser casi siempre de tipo seco. Por ejemplo, las numerosas variaciones que se elaboran a partir de la harina de castaña (castagnaccio, necci, fritelle), dulces fritos (bomboloni, cenci) y otras exquisiteces como los cantucci, berlingozzi, etc.
Justamente esta característica los hace perfectos para acompañar a los excelentes vinos dulces de la zona, como el vin santo.