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Arezzo

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  • Qué ver
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Situada en la parte oriental de Toscana y rodeada por los Apeninos, la provincia de Arezzo se extiende entre las zonas del Casentino, ValdarnoValtiberina Val di Chiana.
Cada uno de estos ambientes presenta paisajes particulares en los que la belleza natural se funde armoniosamente con con testimonios históricos y obras de arte.
El Valle del Casentino está circundado por altos relieves cubiertos de bosques antiguos; a lo largo del tramo de los Apeninos de esta región se extiende el Parque Nacional de los bosques Casentinesi Monte Falterona y Campigna que, entre ásperas rocas y espesa vegetación, alberga importantes lugares espirituales, como el Santuario de La Verna y el Monasterio de Camaldoli.

Muchas son las sorpresas que reserva el Valdarno, con sus característicos panoramas dominados por las espectaculares Balze, relieves dorados constituidos por estratos de arcilla, pedrisco y arena que se elevan formando fantásticos paisajes.
Rico en maravillas es el paisaje de Val di Chiana: una sucesión de relieves, colinas y valles, en los que se encuentran verdaderas joyas de arte como Monte San SavinoLucignano y Cortona.
Situado en zona fronteriza, el valle del Tíber guarda ambientes prístinos en los que destacan castillos, iglesias y pueblos históricos como AnghiariCaprese Michelangelo y Sansepolcro.
Muchos son los panoramas inesperados y los matices del territorio, entre los cuales caben mencionar los amplios llanos y los bosques de la cadena montañosa del Pratomagno, y numerosas zonas protegidas de interés local.

El territorio aretino fue la patria del poeta Petrarca y de grandes artistas como Piero della Francesca, Masaccio, Miguel Ángel, Luca Signorelli, Pietro da Cortona y Vasari, que dejaron la huella de su creatividad y de su ingenio no solo en la ciudad de Arezzo, sino también en otros centros.
Existe una gran variedad de itinerarios artísticos, como el dedicado a Pietro della Francesca, y a los Della Robbia, que permiten admirar pinturas, arquitectura y esculturas que hacen únicos los más pequeños lugares de la provincia.
En este territorio, la naturaleza y la labor milenaria del hombre han creado un conjunto que no acaba nunca de sorprender y encantar. 

El itinerario de visita del territorio comienza en Arezzo, particular ciudad de arte y centro especializado en el arte de la orfebrería y del anticuariado.
El centro histórico engloba monumentos prestigiosos entre los cuales destacan la imponente Fortaleza de los Médici, el Duomo y el Museo Diocesano y la basílica de San Domenico. El Museo Arqueológico, rico en valiosos restos, manifiesta la importancia de la ciudad en época etrusca, mientras que el Museo Estatal de Arte Medieval y Moderno ofrece una visión de la producción artística del territorio desde la Edad Media hasta el siglo pasado.
La Plaza Grande es el corazón de la ciudad, rodeada de edificis de períodos y estilos diferentes, como las torres medievales y el Loggiato Vasariano renacentista.

Merece ser visitada la Casa Vasari, hoy transformada en museo, donde se pueden admirar las decoraciones pictóricas realizadas por el mismo artista, un archivo de familia y varias pinturas.
La Basílica de San Francisco es el punto de partida ideal de un recorrido dedicado al descubrimiento del pintor del siglo XV Piero della Francesca, de hecho aquí se encuentra su obra maestra "La leyenda de la Vera Cruz" (mediados del siglo XV), una de las mayores realizaciones del primer Renacimiento. El recorrido sobre el gran artista nos lleva a Monterchi, donde es posible admirar el extraordinario fresco de la Madonna del Parto, y a Sansepolcro donde se exponen, en el Museo Cívico, cuatro importantes obras suyas.
Sansepolcro ofrece otros sitios de interés, empezando por la central Plaza de la Torre Berta con el Duomo y palacios históricos, donde tiene lugar el Palio de la Ballesta, evento histórico que se remonta al siglo XV.

Tampoco hay que perderse Caprese Michelangelo, el pueblo natal de Miguel Ángel Buonarroti, con el museo a él dedicado, ubicado en el interior del perímetro del viejo castillo.
De profundo interés artístico además de religioso, es el Santuario de La Verna, que surge entre los bosques y es hoy meta muy frecuentada por los peregrinos. Fortificado sobre unas rocas y circundado por abetos y hayas, el conjunto comprende varias estructuras decoradas con estupendas obras de Andrea della Robbia.
Otro lugar de profundo sentimiento espiritual es el Monasterio y la Ermita de Camoldi, donde aún hoy viven los frailes.
Merecen también ser visitados dos interesantes pequeñas ciudades: Bibbiena, con iglesias y arquitectura prestigiosa, y Poppi, dominada por su imponente Castillo.

Entre los muchos pueblos de Val di Chiana, particularmente fascinante es Cortona, que conserva intacto su patrimonio artístico, como los palacios señoriales, el Duomo, el Museo Diocesano y la iglesia de San Francisco.
En Cortona, además, se puede visitar el Museo de la Academia Etrusca y dfe la ciudad de Cortona (MAEC), mientras que un recorrido fuera de la ciudad conduce a las magníficas necrópolis etruscas.
San Giovanni Valdarno, pueblo natal de Massaccio, presenta un centro histórico rico en prestigiosos palacios, entre los cuales destacamos la Basílica de Santa María de las Gracias y el Palacio Pretorio y el Palacio de Arnolfo.

Por todo el territorio surgen iglesias medievales sumergidas en el paisaje: la iglesia de Santa María Assunta en Stia y la Pieve dei San Pedro en Romena o la homónima en Gropina, verdadera joya del arte románico. Así de numerosos son los castillos, entre los cuales la abadía de Farneta, ejemplo perfecto de arte románico en las cercanías de Cortona.
El territorio propone también un fascinante itinerario para descubrir las espléndidas obras de la familia Della Robbia: desde el magnífico retablo del altar de Arezzo a las obras de arte presentes en el Santuario de La Verna, en el Monasterio de Camaldoli, en el Santuario de Santa María del Sasso en Bibbiena y en el castillo de Poppi. También encontramos testimonios de su arte en Montevarchi y en pequeñas iglesias del Valdarno. 

Naturaleza incontaminada y campos de cultivo: la provincia de Arezzo ofrece varias posibilidades de vivir unas vacaciones al aire libre, dedicándose a distintas actividades físicas.
El Parque Nacional de los Foreste Casentinesi, Monte Falterona e Campigna es el lugar ideal para hacer excursiones a pie, en bicicleta de montaña o a caballo, mientras que en invierno se pueden realizar con los esquís y las raquetas de nieve.

También en las otras zonas protegidas y a lo largo de las orillas de los ríos Tíber y Arno se pueden hacer excursiones en un marco incontaminado descubriendo las muchas especies animales y vegetales del territorio.
Los amantes de ciclismo pueden ir de Arezzo a Cortona siguiendo el recorrido del Canal Maestro de la Chiana, con zonas equipadas para disfrutar de unas vacaciones deportivas en paisajes aún vírgenes.
Los amantes de la buena mesa pueden recorrer las rutas del vino y del paladar, a través del valle del Aretino, atravesando viñedos, olivares y castaños, y pararse en las bodegas locales para la degustación de vinos y productos típicos.

En esta tierra rica en tradiciones, muchas son las fiestas folclóricas entre las cuales destaca la famosa Justa del Sarraceno en Arezzo, la del Archidado en Cortona, el Palio dei Rioni en Castiglion Fiorentino, el Palio della Ballesta en Sansepolcro; de particular interés es también la representación histórica de la batalla de Scannagallo en Foiano della Chiana.
Entre los eventos particulares, la Bienal Internacional del Encaje en Sansepolcro y, entre las ferias dedicadas a los productos típicos, la feria de la porchetta en Monte San Savino. 

La cocina  de la zona de Arezzo es la suma de tantas culturas y tradiciones de esta tierra. Está principalmente ligada a la agricultura con la presencia de recetas provenientes de la vida conventual y religiosa si bien en algunas zonas se pueden degustar recetas más ricas.
En el recetario encontramos sopas de verdurasacquecotte (sopas con verduras y pan duro), sopas de carnecrostini di beccaccia (tostadas con carne de chocha) o pan di lepre (liebre).
Los sabores únicos e inconfundibles nacen del uso de materias primas locales con fuertes connotaciones territoriales. Algunos de los productos son cultivados sólo en esta zona y están  dedicados a específicas recetas.
El cavolo nero (col negra), presente en pocas partes del mundo, está unido a la famosa ribollita o “sopa de pan” que cuenta con este tipo de col como ingrediente principal.

La carne bovina de raza Chianina, criada siguiendo un rígido procedimiento IGP (Indicación Geográfica Protegida), es la base de platos famosos como el peposo alla fornacina, plato atribuido a los trabajadores de los hornos que producían material para la construcción de la cercana capilla de Brunelleschi en Florencia. La carne de pollo del Valdarno permite a los restaurantes y a las familias cocinar platos de cocción lenta.
Con el cerdo “gris”, criado en estado salvaje, se elabora un delicioso jamón, el famoso jamón del casentino y hay que mencionar, naturalmente, todos los productos ligados a la transformación de la leche de cabra y oveja criadas en los prados, entre los que destaca el raviggiolo, la ricota o el pecorino.
En definitiva, estupendos platos a base de productos de calidad presentes en el territorio que ofrecen unos sabores únicos, como la apreciada trufa de la Valtiberina, presente todo el año, tanto la blanca como la negra y las setas, como el conocido boletus edulis o el menos famoso pero más aromático “prugnolo” que aparece en primavera y dona sabor a las polentas y las tortillas.

Otro producto muy usado en la elaboración de dulces y aperitivos es la castaña, para obtener el máximo resultado gastronómico a partir de su harina, en la montaña de Pratomagno se usa un procedimiento sumamente particular: una doble cocción de las castañas en el horno obteniendo así un producto de un ligero color avellana, dulces y muy aromáticas con las que se hace los castagnacci y las frittelle, sabrosas y nutritivas.
No faltan los clásicos productos toscanos que enriquecen la mesa: aceite vino son los protagonistas absolutos y, además de los grandes vinos en lo alto de la clasificación de las mejores guías nacionales, son también muy apreciados el Chianti, el Cortona y el Valdichiana, con una amplia gama de vinos que se pueden  beber todos los días y con una excelente relación calidad-precio.
No da por finalizada una comida festiva sin probar el vinsanto, que en su día se tomaba con dulces y bizcochos duros y que hoy se toma con tostadas de hígado y algunos tipos de quesos.