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Siracusa

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Siracusa, tierra de las maravillas.
Las huellas de civilizaciones antiguas todavía persisten por las calles.
Las arquitecturas barrocas hablan de su renacimiento.
El cielo, el sol y el mar la envuelven con su brillo.
Un viaje en este rincón de Sicilia suscita sensaciones profundas, es como pasar el confín del tiempo y viajar miles de años atrás. 

Éste es lo que se experimenta caminando por las calles de Siracusa, donde reviven con fuerza preciosos testimonios del resplandor de la Magna Grecia y, paso a paso, acompañan al visitante por las épocas siguientes que también han tenido un fuerte impacto sobre la historia de Siracusa.
Romanos y bizantinos, árabes y normandos, suevos y aragoneses, todos han escrito su parte.
Neapolis, Akradina, Ortigia, Tyche, y Epipoli son los barrios de la ciudad antigua. Es suficiente su nombre para entrar en otra dimensión.

En el Parque de Neapolis y en la Isla de Ortigia, unida por tres puentes a la tierra firme, se agrupan los monumentos de mayor interés.

Sumergida en el Valle Iblea, en el marco de la vegetación mediterránea, se encuentra la necrópolis de Pantálica, un lugar de extraordinario valor arqueológico con miles de tumbas excavadas en la roca por los primeros habitantes de esta tierra y sucesivamente utilizadas y ampliadas por griegos y romanos.

Noto y Palazzolo Acreide son dos de las ocho ciudades del Val de Noto, declarado Patrimonio de la Humanidad por la riqueza y la cualidad de las arquitecturas del siglo XVIII, consideradas entre las máximas expresiones del barroco tardío en Europa.

Monumentos de extraordinaria belleza sumergidos en una naturaleza igualmente espléndida.
Los montes Iblei bajan dulcemente desde el interior hacia la costa, animada por ensenadas, promontorios, islotes y zonas de playa de arena blanca.
Una extensión de color esmeralda, con vetas azul cobalto y resplandores de luz que exaltan sus matices, completa el paisaje marino de Siracusa.

En el interior, sobre todo en la proximidad de los cursos fluviales, hay muchos espacios naturales poblados por interesantes ejemplares de flora y fauna.
Los sabores antiguos y una vivaz vida cultural y folklórica completan la generosidad turística de la provincia. 

El viaje para descubrir esta tierra empieza por Ortigia, la isla de la capital.
Es un museo circundado por el azul del mar y el cielo.

Plazas, calles y callejones dibujan una red en este pequeño tesoro, con edificios, iglesias, templos, murallas y fachadas decorando cada rincón y el imponente Castillo Maniace, de época sueva, dominando la punta extrema de la isla, posición ideal para el control de las vías marítimas.
Asomado a la ladera del Puerto Grande se encuentra el paseo Adorno, con los delicados matices de los edificios del siglo XIX que delinean su trazo.
Más adelante se encuentra la Fuente Aretusa, uno de los lugares más sugestivos de Ortigia, con el verde de las plantas de Papiro que la decoran. 
Detrás del paseo marítimo está la plaza dominada por la Catedral, un excepcional ejemplo de estratificación de diferentes estilos pero perfectamente ensamblados entre ellos. 

El Templo dórico dedicado a Atenea es el corazón alrededor del cual ha sido construida la iglesia cristiana de época bizantina, modificada posteriormente por los normandos. La fachada, destruida por un terremoto, fue reconstruida en el siglo XVIII en estilo barroco. 

Cerca de allí, se puede visitar el Palacio Bellomo (antiguo monasterio de San Benedicto) que, además de la belleza arquitectónica de estilo suevo con intervenciones de estilo catalán, expone una preciosa colección de arte de la Galería Regional con esculturas de Domenico Gagini y Juan Bautista Mazzolo y obras pictóricas de Antonello de Mesina y de Caravaggio. 

Por el lado de la muelle se encuentra el Templo de Apolo, transformado primero en iglesia, luego en mezquita por los árabes y luego de nuevo en iglesia por los normandos.

Atravesando uno de los tres puentes, se encuentra la Siracusa de la tierra firme, cuna de grandes memorias históricas. 
Basta con entrar en el Parque Arqueológico de Neapolis para darse cuenta enseguida. 
El cuadro que se abre delante de nuestros ojos catapulta al pasado.
El imponente Teatro Griego, del cual es visible la parte construida en la roca, es el más famoso del mundo antiguo y hoy sugestivo escenario de acontecimientos teatrales.
De lado se encuentra la antigua cantera llamada Latomia del Paraiso con innumerables canteras de piedra entre las cuales la Gruta de los Fabricantes de Cuerdas, la Gruta del Salitre y la que Caravaggio bautizó como "Oreja de Dionisio" por el particular efecto acústico.
El Altar di Ierone y el Anfiteatro Romano son otros preciosos restos visibles dentro del Parque. 

No se puede dejar de hacer una visita al Museo arqueológico regionale "Paolo Orsi", 9000 metros cuadrados de exposición dentro de una moderna estructura con tres cuerpos principales, en los que se recogen vestigios que abarcan desde la Prehistoria hasta finales de la época clásica.


Una página fascinante de historia del Mediterráneo ha sido escrita en Pantalica, uno de los pueblos más antiguos de la isla, do nde el atractivo del pasado se une al de la naturaleza. 
Cinco mil tumbas en forma de grutas cavadas en la roca y el Anàktoron, un monumental edificio real situado encima de una colina, dan testimonio de la presencia del hombre, en esta tierra, ya en la prehistoria. 
Un valor extraordinario aumentado por el contexto natural de la Reserva Natural del Valle del Anapo, con gargantas y barrancos.

De la arqueología al arte.
Situada sobre una meseta que domina el Valle del Asinaro se encuentra Noto, cuna del barroco siciliano, una de las ciudades más bonitas de Sicilia, Patrimonio de la Humanidad.
La han llamado el Jardín de piedra y cuando se camina por las calles de la ciudad se comprende porque: edificios, iglesias, estucos, decoraciones y frisos muestran el lujo que tuvo Sicilia en el siglo XVIII. 

La Puerta Real señala la entrada al casco antiguo, atravesado por el elegante Corso Vittorio Emanuele, cortado por las tres plazas principales.
En la Plaza del Ayuntamiento se encuentra la imponente escalinata que lleva a la anteiglesia de la Catedral, delimitada lateralmente por dos torres campanarias. Tres edificios del siglo XIX - Vescovile, Lanolina y Ducezio - marcan el perímetro de la plaza, un cofre de tesoros arquitectónicos.
Cerca de allí está el monumental complejo del SS. Salvador que incluye el monasterio, la basílica y el seminario, cada uno proyectado con diferentes estilos fundidos perfectamente entre ellos en una síntesis de gran efecto escénografico.

No se puede perder una visita a la Iglesia de Santa Clara, ricamente decorada por estucos, amorcillos y columnatas que se unen armoniosamente a las obras escultóreas y pictóricas interiores, y a la Iglesia de San Domenico, obra maestra de Rosario Gagliardi, con la fachada convexa, decorada por columnas, que anticípa la belleza de la parte interna.
Vincenzo Sinatra, uno de los arquitectos que más contribuyeronal renacimiento de Noto, realizó la Iglesia de Montevergini.
La fachada cóncava con las torres campanarias laterales cierra la Calle Nicolaci, decorada de fiesta por los espléndidos balcones que animan el exterior del Palacio Nicolaci Villadorada.
El triunfo de las decoraciones exteriores y los preciosos frescos visibles en las salas interiores, obra del pintor Mazza originario de Noto, hacen del Palacio Trigona una verdadera obra de arte.

Palacete Acrèide es la otra joya barroca del Val de Noto, situado en la provincia de Siracusa. 
Un paseo entre las calles del casco antiguo ofrece la posibilidad de admirar las espléndidas obras maestras del siglo XVIII, que han merecido la tutela del Unesco. 

Son muchos los oasis verdes esparcidos por el territorio de Siracusa.
Lugares donde disfrutar de una naturaleza incontaminada, escuchando el silencio interrumpido solo por el crujido de las hojas, el correr de las aguas y los sonidos de los animales.

Es encantadora la Reserva Natural de Vendicari, una franja costera donde la salinidad de las aguas ha contribuido a crear un ecosistema muy peculiar.
Es llamada el hotel de los pájaros porque aquí encuentran el hábitat ideal durante el periodo de migración. 
El observador de aves puede, sobre todo en las primeras horas de la mañana y al atardecer, observar alrededor de doscientas especies de pájaros. 

Es de gran efecto la Reserva natural Cavagrande del Cassabile, con espesos bosques de plátanos orientales, sálicos, álamos y fresnos que rodean el profundo cañón erosionado por las aguas del río.

Es sugestivo el paisaje que circunda las riberas del río Ciane, alimentado por los manantiales de Pisima y Pisimotta, que desemboca en el Golfo de Siracusa. Pequeños lagos, ríos y manantiales se insinúan entre el verde de los papiros, una planta típica del Nilo y rara en nuestro país, entorno perfecto para los apasionados de la canoa.
Son lugares ideales para excursiones agradables, la mejor ocasión para admirar toda la belleza de estos lugares.

Playas, acantilados, un mar cristalino y bonitas localidades es lo que ofrece la costa de la provincia, uno de las más bonitas de nuestro patrimonio natural.

Al sur de Siracusa, se encuentra el área marina protegida de Plemmirio que comprende la península de la Magdalena. El paisaje presenta blancas costas y acantilados, en algunas zonas excavados por la erosión del mar.
Merece la pena ver la Gruta de Cabo Meli, la Gruta del Gambero y la Gruta de la Pillirina, espléndidas para quien quiera explorarla en barco, fantásticas para quien sea apasionado de espeleología marina.
Algunas se insinúan en el interior y cuando hay violentas marejadas es impresionante ver las columnas de agua que salen con fuerza de estas cavidades, a veces alcanzando los 20 metros de altura.

Entre Augusta y Cabo Passero, entre la primavera y el otoño, es posible avistar muchos cetáceos
Cruzad los dedos, si sois afortunados podréis ver un simpático delfín o una rorcual que atraviesan silenciosamente el mar delante de vuestros ojos.

Tradiciones y folklore son el alma de la historia de un pueblo, y los sicilianos siempre han protegido celosamente sus antiguas costumbres.
Esto hace que la entera provincia ofrezca un programa de ferias y fiestas, populares y religiosas, denso de eventos.

Es de gran efecto la Infiorata que ve Noto "encenderse" de colores llamativos. Millares de pétalos de flores son dispuestos como una obra de arte a lo largo de la Calle Nicolaci y en los balcones de las casas. 
Alegría y viveza animan las calles de la ciudad, donde el lujo de lo barroco se une a la belleza de la naturaleza.
Es rico también el programa de los acontecimientos culturales ofrecidos por la capital y por los ayuntamientos de la provincia. 

Un viaje no se puede denominar tal si no se degustan los sabores del lugar, y esto vale aún más cuando se visitan tierras en las que la gastronomía es uno de los elementos centrales de su cultura. 
La fuerte unión entre el mar y Siracusa la reconocemos también en sus especialidades.

Merece la pena probar el pez espada a la "stemperata", frito en una salsa de cebolla y alcaparras, el atún fresco cocinado con tomates pimientos y cebolla y la sopa de pescado a la siracusana.
Son óptimas también las gambas, las cigalas y las langostas.

El pescado también es el condimento favorito para muchos primeros platos como los espaguetis con tinta de sepia, con marisco, con cigalas y con anchoas y miga tostada.
Las óptimas carnes de cerdo favorecen la producción de sabrosos embutidos.

Son excelentes las almendras de Avola, ingrediente principal de la dulce pasteleria siciliana y del famoso turrón.
Además de la pastelería, Sicilia es famosa por los helados y los granizados. Es posible degustarlos en la versión clásica -café, limón, fresa y mora- o aromatizados al jazmín y a la rosa.

La historia también está contada por el arte enológico y esta provincia enarbola con orgullo el famoso Nero d’ Avola, un vino tinto precioso, cuya producción se remonta a tiempos lejanos.