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Mesina

  • Descripción
  • Qué ver
  • Qué hacer
  • Qué comer


Es la tierra del estrecho que divide Sicilia de Calabria. La naturaleza ha querido ser generosa con esta provincia, convirtiéndola en una obra maestra que encuentra en el mar su marco ideal.

Una naturaleza espléndida bajo el cielo límpido, extraordinaria tambi´ne por sus fondos marinos donde un mundo espera ser explorado.
Un caleidoscopio de tonos azules que van desde el azul ocuro hasta la transparencia del cristal con tintes celestes.

También en el mar se sitúan otras maravillas: Las Islas Lípari.
Lipari, Panarea, Salino, Stromboli, Vulcano, Filicudi y Alicudi: siete perlas esparcidas en las aguas frente a Mesina. Todas son de origen volcánico pero cada una con su propia belleza e identidad histórica. Una riqueza que se ha convertido en Patrimonio de la Humanidad.

Hoy, como en la antigüedad, Mesina es la entrada principal de Sicilia. En su costa atracaron Griegos, Romanos, Bizantinos, Árabes, Normandos y Suevos que influyeron fuertemente en la cultura de esta tierra.
Explorando los pequeños pueblos de la provincia se pueden descubrir preciosos tesoros de arte custodiados en iglesias y edificios o importantes huellas de grandes civilizaciones lejanas.

Una historia también contada por las tradiciones que se han quedado en el corazón y en la memoria de la gente del lugar, y por los antiguos sabores que cubren la mesa. 

Atravesando el estrecho, se desembarca en el puerto de Mesina, corazón palpitante de la ciudad.
La modernidad ha penetrado en la estructura urbana, pero ha quedado alguna huella del glorioso pasado. 

La Catedral presenta una decoración a franjas polícromas en la parte inferior de la fachada, interrumpida por los tres portales de acceso.
 La estatua de S. Juan Bautista atribuida a Antonello Gagini y la capilla del Sacramento realizada por Jacopo del Duca, alumno de Miguel Ángel, son las principales obras custodiadas dentro de la iglesia.
Sobre el campanario lateral está instalado un reloj mecánico que indica las horas por medio de cuadrantes dispuestos sobre las cuatro fachadas. Al centro de la plaza está la Fuente de Orión del siglo XVI completada por Juan Angel Montorsoli, discípulo de Miguel Ángel. 

Un interesante recorrido artístico y cultural es ofrecido por el Museo Regional, que en la Pinacoteca expone preciosas obras entre las cuales destacan el "Políptico de San Gregorio" de Antonello de Mesina, la "Adoración de los Magos" y la "Resurrección de Lázaro" de Caravaggio.
No hay que perderse una visita a la Iglesia de la Santísima Anunciada de los Catalanes, erigida entre 1150 y 1200 sobre los restos de un templo pagano dedicado a Neptuno.

Dos mares bañan esta provincia: Tirreno y Jónico.
Ambas fajas costeras están llenas de bonitas localidades que, además de la belleza de la naturaleza, ofrecen interesantes memorias histórico-artísticas.

Entre todas, Taormina, situada sobre una planicie que da al mar. Alta y rocosa, interrumpida por pequeñas bahías pintadas por la espesa vegetación mediterránea y el azul del mar: éste es el paisaje donde asoma la señora del litoral jónico, meta de personajes y hombres ilustres.

Es espectacular el Teatro Antiguo de Taormina, uno de los más grandes de la época greco-romana, inmerso en campos de olivos, naranjos y almendros que inebrian el aire con sus perfumes.
El escenario que se abre tras el palco, con la luna y las estrellas que reflejan su luz sobre el mar oscuro, embriaga la mirada.
Pequeñas joyas de arte se encuentran entre los callejones y las plazoletas del casco antiguo
La Plaza de la Catedral, adornada con la fuente de Montorsoli, está dominada por la antigua Catedral que evoca exteriormente la estructura de una fortaleza, embellecidas por un espléndido portal del siglo XVII. 
Detrás de la Iglesia de Santa Caterina se encuentra el Odeón, un pequeño teatro de época Romana, destinado a eventos culturales.

Los paisajes que circundan Taormina son espléndidos tanto los que se asoman hacia el mar como los que se dirigen al interior, dominada por el poderoso Etna, que ofrece la posibilidad de acceder a una naturaleza única en su género, los colores brillantes de la vegetación se alternan con los negros de los restos de lava. 

La costa tirrénica está marcada por el Golfo de Patti que toma el nombre de la localidad homónima, equipada -como los otros destinos costeros- para ofrecer agradables vacaciónes de mar.
En frente están las islas Lípari (o Eolias), etapa obligada si se pasa por la provincia de Mesina.
Se puede admirar una increíble secuencia de colores. Un mosaico de teselas variopintas con los matices del mar que delinean el contorno.

Panarea
 es el corazón de la movida nocturna.
Strómboli es la fuerza de la naturaleza, con las llamas incandescentes que compitencon la blancura de la luna para iluminar la noche.
Vulcano es la perla negra del archipiélago.
Lípari es el faro por la luz que irradia de su montaña, la tierra de los sabores y de los perfumes.
Salina: formada por seis antiguos volcanes.
Filicudi y Alicudi son solitarias y salvajes. 

Esta provincia está bañada por dos mares, y cada uno es un cofre de tesoros naturales.

Excursiones por tierra o por mar, permiten descubrir cada rincón de las islas Lípari, ricas en playas y pequeñas calas donde transcurrir algunas horas. 
Una etapa obligada es la Playa de Pollara de la isla de Salina, formada después del derrumbamiento en el mar de una parte del cráter.
No perdáis la ocasión de daros un baño caliente de agua salina y barro alimentado por las fumarolas de la isla de Vulcano.
Con el barco se podrá dar la vuelta de las islas admirando la belleza desde una perspectiva diferente y descubriendo las cavidades naturales y los farallones, las escolleras y las montañas que animan el perfil costero.

El archipiélago es un verdadero paraíso para quien le guste el senderismo. Las sendas son variadas y conducen al corazón de estos espléndidos paisajes, cada uno con características diferentes.

Los depósitos de lava han sido modelados como una obra de arte por las aguas del mar creando un efecto escenográfico de extraordinaria belleza.
Los colores son indescriptibles. Los rayos difusos del sol que inciden en la  profundidad de las aguas crean un juego de luces y sombras entre los colores de la rica vegetación de los fondos marinos, que pasan del blanco de la piedra pómez al negro de las rocas de lava. Y las maravillas no acaban aquí. 
No es raro, en efecto, encontrarse con algún antiguo resto de barcos naufragados, que hará aún más fascinante la exploración.
Por esto las Lípari están consideradas como uno de los mejores puntos de inmersión del mundo.

Es un lugar perfecto también para los observadores de aves. En los meses calientes, pelícanos, garzas y garzas rojas, gruyas, gansos salvajes, cormoranes, flamencos y perdices pasan por estos cielos, entorno ideal también para el halcón mediterráneo, el halcón de la reina y el halcón patírrojo.

Para observar a las aves, adentráos en el Parque Regional de los Nebrodi, el pulmón de Sicilia. Montes con perfiles suaves, amplios valles que en primavera florecen con los colores y los perfumes de la vegetación mediterránea, y pequeños lagos azules que interrumpen la continuidad de los espesos bosques, se ofrecen al visitante para ser descubiertos en toda su belleza.

Esta etapa es una ocasión para descubrir también el arte artesanal que la gente del lugar custodia celosamente. Preciosos bordados hechos a mano, cestas y cestos de junco o caña, objetos realizados en piedra o hierro batido, esterillas pintadas y alfombras realizadas con antiguos telares, preciadas cerámicas: si queréis llevaros un trozo de Sicilia a casa aquí tendréis muchas posibilidades de elección.

El Parque Regional del Etna es ideal para el senderismo y las excursiones, con senderos que se extienden entre las grutas originadas por las erupciones o largos itinerarios aptos también a ser recorridos a caballo. 

Las Gargantas del Alcántara son sugestivas y divertidas, con las frías aguas del río que corren vigorosamente a lo largo de estrechos canales y flanqueadas por imponentes paredes. 

El ingrediente principal de la cocina local y en general siciliana, es obviamente el pescado: frito, asado, en papillote o a la plancha, la preparación cambia pero lo importante es que siempre es fresquísimo.
Es particularmente sabroso el pez espada del estrecho de Mesina que es cocinado en muchos y apetitosos modos. Pescado, crustáceos y mejillones componen ricas sopas y son el aderezo para el risotto y para los espaguetis en papillote (spaghetti al cartoccio).

Hortalizas y verduras son los otros elementos de relieve de la mesa de Mesina.
Caponata, parmigiana de berenjenas (una especie de lasaña de verdura) y frittata de patata son tres óptimos platos únicos prepararados con los gustosos frutos de esta tierra.
No falta la carne, sobre todo cabrito o el cordero castrado, cocinada rigurosamente a la brasa para exaltar aún más su sabor.

Es excelente la producción láctea que ofrece deliciosos quesos como el canestrato, en la versión dulce o picante, el pecorino, la provola y la ricotta, todos producidos según las antiguas tradiciones. 
Aceite de oliva, miel, avellanas, pistachos y frutos del bosque, son sobre todo manjares típicos del territorio de los Nebrodi.

La pastelerìa propone las piezas clásicas que la han hecho famosa en todo el mundo: cannoli, cassata, pasta de almendra, fruta martorana y la pignolata (hecha con piñones), típica de Mesina.
Los vinos DOC del Etna y los licores a base de cítricos acompañan y exaltan los grandes sabores de esta tierra.