Está vd. en Home / Descubre Italia / Sicilia / Catania

Catania

  • Descripción
  • Qué ver
  • Qué hacer
  • Qué comer

El Etna que domina Catania desde lo alto, dibuja el perfil del paisaje, le ofrece su tierra para recoger los frutos, le recuerda su potencia incesante: hay un vínculo indisoluble entre el Etna y Catania, gema de la Sicilia oriental.

El litoral, cuya belleza no tiene nada que envidiar a las otras “señoras” de la costa, da a las aguas del Mar Jónico, la otra frontera natural de la provincia.

Extendida en una cuna verde, se encuentra la preciosa Catania, una ciudad que acoge con sus grandes plazas y anchas calles, con sus arquitecturas en piedra de lava que recuerdan un pasado de destrucción y reconstrucción, con matices oscuros que parecen luchar con la luz intensa del sol que irradia esta tierra.
Un patrimonio histórico-artístico que, unido a sus acogedoras gentes, hace esta ciudad especial para sus visitantes.

Huellas de una historia que respiró las influencias de muchas dominaciones, las mismas que podemos leer a través de las líneas arquitectónicas de los palacios, iglesias y monumentos.

La magnificencia de una historia que se funde con la belleza de una naturaleza que ha demostrado generosidad y benevolencia, pero también aspereza y severidad.
El Etna, patrimonio Unesco desde 2013, es su emblema. 
Alto, majestuoso, silencioso, con la cima cortada por la gran boca de fuego, domina el paisaje entero con su fuerza.

Jardines de cítricos y anchos viñedos interrumpen con sus alegres colores el gris de la tierra de lava, oscura pero fértil.
Llegados a la cima nos quedamos hechizados por la extraordinaria vista que llega hasta donde alcanza nuestra mirada.

La tonalidad de azules y sus matices cobalto y turquesa impregnan el mar de Catania, la otra fuerza de esta tierra.

Playas de guijarros, pequeñas bahías alternadas con zonas oscuras de rocas de la erupción, costas empinadas sobre el mar, farallones majestuosos, largas costas doradas: un paisaje que regala sensaciones diferentes.

Pero a cualquier sitio que se elija ir, una sensación quedará inalterada: la que suscita la belleza límpida del mar. 

El siglo de la destrucción fue el XVII. El del renacimiento fue el siglo XVIII.
Una erupción antes y un terremoto después pusieron de rodillas la ciudad de Catania.
Una devastación de la que resurgió la ciudad con la belleza de las arquitecturas barrocas que hoy se admiran.

La Catedral es un magnífico ejemplo. Asomada sobre la homónima plaza, que sigue el proyecto del post-terremoto, estudiada para dejar amplios espacios en caso de acontecimientos destructivos, está dedicada a la Patrona de la ciudad, Santa Ágata, cuya estatua está situada encima de la fachada principal proyectada por Juan Bautista Vaccarini. Para la reconstrucción ha sido utilizado material recobrado de edificios de la época romana, como las columnas de mármol que están en el exterior.

La espléndida Plaza de la Catedral está circundada por el Palacio Senatorio y por elegantes edificios nobiliarios, dispuestos alrededor de la Fuente del Elefante, símbolo de la ciudad.
El monumento, obra de Vaccarini, es un ejemplo de segmentación histórica: la base (el elefante) hace referencia a Cartago; el obelisco, a la civilización egipcia y la cruz, las palmeras y el globo, a la civilización cristiana.
La Iglesia de la Abadìa de Santa Ágata impresiona por la riqueza de las decoraciones que enriquecen la fachada, animada por el portal que está situado más atrás con respecto a los dos cuerpos laterales.

La Plaza de la Universidad está dominada por la grandiosa fachada de la misma, mandada edificar por Alfonso V de Aragón y reconstruida después del seísmo gracias a un proyecto en el que participaron los grandes arquitectos de la época.
Vaccarini realizó las dos plantas del patio interior, la columnata y la pavimentación bicolor.

La Colegiata o Regia Capilla es otro magnífico ejemplo del lujo arquitectónico realizado en el siglo del Renacimiento, con los interiores decorados por José Sciuti.

Colosal, aunque incompleto, es el Monasterio benedectino de San Nicolò l’Arena con aportaciones de Battaglia, Vaccarini y Amato.
El Castillo Ursino, construido por voluntad de Federico II y ha sobrevivido a los acontecimientos catastróficos del siglo XVII. Originariamente estaba situado en la costa, pero la erupción modificó el orden territorial y, hoy, el castillo está situado más atrás respecto a su inicial posición.

La reconstrucción del siglo XVIII concernió al entero Val de Noto, hoy Patrimonio Mundial de la Humanidad.
Las ciudades del valle son ocho, incluyendo Caltagirone famosa por el antiguo arte de la cerámica de la que provienen muchas de las decoraciones que adornan iglesias y edificios del centro. Santa María del Monte es la máxima expresión de su alma barroca, con la imponente escalinata adornada por mayólicas polícromas.

Militello en Val de Catania también es parte del circuito UNESCO y su casco antiguo recuerda, por la estructura y el estilo, las características del periodo de la reconstrucción.

Al norte de la capital, aparece imponente el volcán activo más grande de Europa: el Etna.
Una montaña que vive, respira y se transforma.
En cada despertar, la lava rojo fuego se ha deslizado lentamente, depositándose en los espacios abiertos o agregándose a coladas antiguas y modoficando el perfil de la montaña.
De la misma forma cambia el paisaje cuando se sube hacia el cráter principal.

Hay bosques de pinos interrumpidos por fascinantes superficies de lava negra y sugestivos cráteres casi siempre humeantes; huertos, perfumados cultivos de cítricos, robles y majestuosos castañares, exuberantes viñas y extensiones de abedules convierten la montaña en un abanico de entornos naturales, todos de rara belleza. En la cumbre, donde nada sobrevive, está el desierto de lava, una extensión negra y en el centro el espantoso cráter.

De la montaña al mar.
Para disfrutar de toda la belleza se necesita recorrerla toda. Los panoramas cambian delante de nuestros ojos, pero el hechizo permanece. No te pierdas la Ribera de los Cíclopes con los típicos farallones que se elevan imponentes desde el mar. 

Los parques y las reservas naturales ofrecen una infinidad de ocasiones para entretenerse aprendiendo a conocer una naturaleza fuera de lo común.

Senderismo y excursiones a caballo son lo ideal para recorrer las muchas sendas que se desenvuelven sobre las pendientes del Etna, entre la densa vegetación donde viven muchas especies de animales.
Es el lugar perfecto también para quien tenga la pasión de la observación de las aves.
Gavilanes, cernícalos, halcones peregrinos y águilas reales vuelan alto en el cielo sobre el volcán, mientras patos y otros pájaros acuáticos viven en las aguas del lago Gurrida, único embalse hídrico del parque.
La desembocadura del Simeto es otro óptimo punto de observación. Aquí hacen sus nidos e invernan fochas, cigüeñas, cormoranes, halcones y garzas.

Las 200 cavernas esparcidas en el territorio del Parque del Etna, una vez utilizadas por el hombre como refugio y lugar de sepultura, ofrecen un itinerario de excursiones muy sugestivo. Las más famosas son la Caverna de las Frambuesas, de los Tres Niveles del Hielo y de las Palomas.

Las Gargantas del Alcántara, río que se introduce entre los surcos de los cúmulos de lava, son un verdadero espectáculo de la naturaleza. Estrechos recorridos, costeados por paredes empinadas, con distintas formas, a lo largo de las que corren las frías pero límpidas aguas del río, forman uno de los recorridos más divertidos y emocionantes que la naturaleza pueda ofrecer.

Una tierra besada por el sol y bañada por aguas cristalinas es el sueño de quien prefiera unas vacaciones de mar
Las localidades de la provincia son todas muy bonitas y están equipadas para ofrecer una estancia de comodidad y relajación. Una vivaz vida nocturna es un elemento más que completo y perfecciona el cuadro.

Las actividades van desde la inmersión subacuática -espléndidos los fondos entre la tierra y los farallones- hasta el avistamiento de aves marinas y el buceo para quien no esté familiarizado con el neopreno y las bombas de oxígeno.
Cada deporte que requiera viento es posible: surf, windsurf o vela.

El clima templado de esta tierra garantiza unas vacaciones agradables en todos los períodos del año.
Pero si queréis vivirla con los esquís a los pies, venid en invierno cuando la nieve cubre el Etna: el espectáculo es impresionante. La red de instalaciones y estructuras garantiza una semana blanca dedicada a la diversión y al deporte. Esquiar mirando el azul del mar es una experiencia que sólo esta tierra os puede ofrecer. 

La cocina de Catania es una de las más ricas de Sicilia.
Por su proximidad al mar, los platos más tradicionales son aquellos a base de pescado.
Ensalada del mar preparada con pulpo, gambas y occhi di bue, los masculini (anchoas de mar) marinados, anchoas saladas conservadas en el típico contenedor de terracota (cugnetto), pepata de mejillones y occhi di bue (moluscos de mar) crudos, aliñados sólo con un toque de limón.

Salmonete, agujas de mar, pettini y anchoas son los ingredientes de óptimas frituras mientras que doradas, sargos, y dentones son servidos asados.
Son sabrosos y característicos los sparacanaci, una fritura de salmonetes recién nacidos, acompañada con cebolla calabresa y la tortilla de chanquetes (u muccu).

En el interior está muy desarrollado el turismo rural, donde es posible probar óptimas carnes bovinas, equinas y porcinas a la parrilla, hortalizas, verduras y auténticos quesos.

La parte más característica de la cocina de Catania son las tiendas (rosticcerie) que cuenta con los famosos arancini, crujientes bolas de arroz con el corazón relleno. Hay que probar la siciliana, una sutil pasta rellena de tuma y anchoas y luego frita, así como las crepes rellenas de requesón y anchoas.

En cuanto a la pastelería, la preparación de los dulces para los sicilianos es un verdadero arte.
Un triunfo de formas y colores llamativos cubre la bandeja de los postres: cannoli rellenos de requesón y decorados con gotas de chocolate negro o fruta confitada en pedacitos o pistacho elegantemente picado, cassata siciliana, fruta martorana a base de pasta de almendra, galletas de la monja, turrones y aceitunas de Santa Ágata.

Los helados y los granizados son el otro punto fuerte de Catania y de toda la región: almendra, limón, naranja, chocolate, mora, melocotón o café, espectacular con dos capas de nata, son sólo algunos de los sabores quese pueden degustar.