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Rieti

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  • Qué ver
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La antigua capital de Sabina y su territorio están engarzados en un espléndido escenario natural de montaña, lleno de testimonios ligados a San Francisco de Asís

Ubicada en Lacio, en la Italia central, sobre la falda de los montes Sabinos y Reatinos, la provincia de Rieti tiene un territorio prevalentemente montañoso.
Centro importante ya en la Antigüedad, Rieti es rica en testimonios tanto de época romana como medieval, cuando la ciudad fue “libero Comune” y luego residencia de Papas.

Rodeada por los montes Reatinos y dominada por la cumbre del Terminillo, Rieti es el punto de inicio ideal para excursiones y vistas a un territorio rico como pocos otros, de oasis naturales protegidos, castillos, fortalezas y santuarios franciscanos. Destaca en modo particular la Reserva Natural de los Lagos Reatinos, un lugar de relevante valor ambiental con los lagos Lungo y Rivasottile, donde la flora y la fauna son protegidas y donde es fácil avistar aves, como por ejemplo la garza real y el somorgujo.

La zona es rica en agua, destacan los ríos Velino, Salto y Turano, y varios lagos que salpican el territorio, como el Lago del Salto, el lago artificial más grande del Lacio que se encuentra a 535 metros sobre el nivel del mar y que es el más atractivo debido a su abundante vegetación y a los pueblos que lo rodean; el lago de Turano y el de Scandarello, inmerso en el escenario de los Montes de la Laga en la cuenca de Amatrice.

En resumen: historia, arqueología, naturaleza, buena cocina, deporte y relax. 

Rieti, históricamente, fue la última provincia que se anexionó a Lacio en 1927 y presume de un récord: según la tradición, tomando en cuenta su posición geográfica, se la considera el ombligo de Italia, y por ello en el centro de la ciudad hay un monumento que lo recuerda.

El centro de la ciudad es la parte más antigua y se desarrolla alrededor de Plaza Víctor Manuel II, con la Fuente de los Delfines como punto central. En frente se encuentra el Palacio Municipal que data del siglo XIII y está en parte ocupado por el Museo Cívico, donde se encuentran restos arqueológicos que van del siglo IX a.C. hasta finales del período romano, y también obras pictóricas que van desde el siglo XIV hasta nuestros días.

 Sobre la vecina Plaza Battisti se asoma el Palacio della Prefectura, de estilo renacentista, desde cuyo jardín se disfruta de un bonito panorama sobre la parte más antigua de la ciudad, sobre las montañas vecinas y el Duomo, erigido cerca en torno al 1100, pero con intervenciones posteriores. Al lado del Duomo se encuentra una logia monumental y luego el Palacio Obispal, del siglo XIII, desde cuyo patio interior se accede al espectacular Salón Papal. El edificio limita, al norte, con el Arco del Obispo, un paso elevado del final del siglo XIII que hizo construir el Papa Bonifacio VIII.

En vía Roma se encuentra el Palacio Vecchiarelli, obra de Carlo Maderno y al lado la Iglesia Románica de San Pedro Apóstol. Digno de ver es el Palacio Vicentini, uno de los edificios más interesantes, atribuida a Sangallo.
Cruzado el Puente Velino bajo el cual corre el río homónimo, podemos ver el Monumento a la Lira, inaugurado en el 2003 y logrado fundiendo más de 2,2 miliones de viejas monedas de 200 liras, recolectadas para dicha ocasión.

Y por último, la Rieti subterránea donde, bajo algunas residencias nobiliarias del centro de la ciudad, se pueden visitar los restos del antiguo viaducto romano construido en el siglo III a.C.
Para los amantes de la arqueología el territorio ofrece recorridos interesantes que parten del valle del Tíber y se ramifican hacia Collevecchio, Cottanello, Torri in Sabina y Vacone y, en el valle del Turano, hacia Monteleone, Paganico, Rocca Sinibalda, con un castillo con una planta con forma de águila y Turania (donde se encontró un tesoro que se remonta a principios del siglo I d.C.).
 
No debemos olvidar los valles del Velino y del Tronto, con Citta Ducale y su Torre Angioina, Castel Sant’Angelo, Borgo Velino, con la Parrochiale di San Matteo que data del siglo XVIII, Antrodoco con su Duomo y Amatrice, con la Iglesia romano-gótica de San Francisco y la Iglesia de San Agostino, decorada con frescos de fines del 1400.

Es muy interesante la visita a los santuarios franciscanos, etapas del camino de San Francisco que  tanto amó el valle reatino. Entre estos el Santuario di Fonte Colombo con la iglesia, el convento y la gruta, el Sacro Speco donde, según la tradición, San Francisco después de retirarse en meditación, dictó las reglas definitivas de su orden; el Santuario de Greccio, recordado como el sitio que San Francisco eligió para la primera evocación de la Natividad de Belén; este lugar, con su respectiva aldea, está incluido por la Unesco en la lista de Patrimonio de la Humanidad. Para finalizar, el Santuario de Poggio Bustone es famoso porque de aquí partió la misión de paz de los franciscanos.

Fortalezas y castillos son el otro atractivo del territorio de la provincia como testimonios históricos. Entre éstos hay que recordar Macchiatimone en Pescorocchiano con los restos de su castillo medieval, la fortaleza del Castillo de Corvaro en Borgorose, que se remonta al siglo X-XI, el Castillo de Collalto, la Torre del Castillo Postmontem en Fara in Sabina, donde merece una visita también la Abadía de Farfa, considerada uno de los monumentos histórico-artísticos más importantes de la provincia. 

Una provincia que ofrece tanto en arte y naturaleza no ofrece menos para quienes buscan diversión o relax. Los sitios ideales para los deportes de invierno son Terminillo y Leonessa, con instalaciones equipadas para quienes quieran esquiar. Para los que aman las excursiones hay muchos itinerarios por senderos naturales entre cumbres y verdes valles, donde disfrutar de espléndidos panoramas de la Cuenca de Rieti y el Valle de Leonessa.
Los valles de Rieti son un lugar ideal para actividades deportivas como el ala delta, el parapente y el vuelo sin motor.

La configuración del territorio lo hace también adecuado para quienes practican mountain bike y senderismo, especialmente en los Montes de la Laga de la zona de Amatrice, en la Alta Sabina. Para quien busca relax y bienestar, Rieti y Sabina ofrecen varios centros termales, como los de Cotilia, nombre de la antigua ciudad prerromana, termas apreciadas ya en los tiempos de los antiguos romanos. El complejo de termas de Fonte Cottorella es un oasis de paz y serenidad donde surgen aguas oligominerales a menudo empleadas en la cura de algunas patologías y las termas de Antrodoco, en un territorio enriquecido con aguas sulfurosas.

Citemos por fin, las ferias y las fiestas populares. Desde hace seiscientos años, en el centro histórico de Rieti, se celebra la Fiesta dedicada a San Antonio de Padua, con la procesión, por las calles del centro ciudad, llevando la estatua del Santo en un baldaquín adornado con velas, fiesta que emociona a los ciudadanos de Rieti.
En Antrodoco se celebra la Sagra degli Stracci, festival en el que se saborean las especialidades de la cocina local, y, en Posta, la Festa della Madonna della Neve y del Toro Ossequioso, donde un joven monta un toro adornado con lazos y lo lleva delante de la Iglesia de Santa María Asunta donde lo hará arrodillar tres veces. 

Es muy interesante, en los días navideños, la evocación del primer Pesebre viviente en Greccio, donde más de cien voluntarios dan vida a un histórico evento realizado por voluntad San Francisco de Asís y que se remonta al 1223. Es deliciosa, por último, en Castel Sant’Angelo, la Fiesta Dulce de Primavera donde diez ayuntamientos se retan en un concurso para decidir quién prepara los mejores postres. Cabe señalar también las muchas fiestas que se programan en Carnaval, con desfiles de carros en Amatrice y Magliano Sabina.

Esta tierra ofrece muchos productos para una cocina sabrosa, con sabores intensos. Son muchos los productos típicos del territorio y van desde la patata de Leonessa, a las judías, al farro o al aceite de oliva DOC, cuya elaboración en Sabina tiene una historia que se remonta al siglo VI-VII a.C.

La presencia de bosques hace que entre los productos típicos de la zona se encuentren las castañas (famosas las de Antrodoco), setas, moras, arándanos, fresas, enebro y trufas, blancas y negras. La antigua tradición ganadera permite saborear quesos frescos, salados o curados, como la ricotta hecha con leche de cabra, el Fiore molle de Leonessa, aromatizado con azafrán, y el pecorino de Amatrice, con sabor menos picante y áspero; también hay embutidos como los de Leonessa y Amatrice o las salchichas secas de Rieti.

Todos estos productos se utilizan para la elaboración local de platos de la cocina típica. Entre éstos recordamos las stracciatelle in brodo (una mezcla de sémola, huevo y queso rallado con caldo), los spaghetti all’amatriciana, el pollo alla diavola (pollo con salsa picante), los stracci de Antrodoco, finas tortillas rellenas de salsa con carne y queso, las stufatine garofolate, el estofado de pollo, el cordero en guazzetto y la porchetta de Poggio Bustone.

En lo que concierne a los postres recordamos los terzetti alla reatina, blandas galletas con miel y nueces, la copeta, hecha con miel y nueces entre hojas de laurel y la pizza de Pascua. Entre los vinos destacan el Colli della Sabina DOC, blanco, tinto o rosado.