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Nápoles

  • Descripción
  • Qué ver
  • Qué hacer
  • Qué comer

Un lugar mágico, donde colores, sabores, olores, cultura e historia se mezclan entre sí produciendo un cóctel encantador de historia, alegría y diversión.
Estamos en la provincia de Nápoles, dominada por el Vesubio y que se asoma a un espléndido golfo cuya belleza ha sido fuente de inspiración para muchos artistas.
El encanto de los paisajes, las hermosas islas dispersas como perlas en las aguas azules del Mediterráneo y la vitalidad de su gente, sumamente cordial, abren las puertas a la alegría de la vida que emana de cada pedazo de esta tierra, cuyas famosas canciones y sabrosas especialidades gastronómicas son siempre un atractivo adicional.

Un sinfín de lugares capaces de emocionar a turistas de cualquier tipo: desde los entendidos de arte y historia hasta los amantes de la naturaleza y el mar, pasando por los gourmets apasionados de vinos y gastronomía o por el nostálgico de las tradiciones antiguas.
Dos puntas de lanza delimitan el golfo: la hermosa península de Salento al sur y la sugestiva zona volcánica de los Campos Flégreos al norte. 
En el corazón de este arco se encuentra Nápoles, con el imponente Vesubio a sus espaldas. 
Los yacimientos arqueológicos de Pompeya y Herculano poseen gran interés histórico, y son famosos en todo el mundo por la singularidad de sus restos. 
Sin embargo toda la provincia de Nápoles está salpicada de testimonios de épocas pasadas, especialmente las relacionadas con la presencia de los emperadores romanos, los primeros en darse cuenta del encanto de estos lugares.
No se puede dejar de mencionar la obra de arte que la naturaleza ha creado a lo largo de milenios gracias a la labor de las erupciones volcánicas y los depósitos de lava, que han diseñado las líneas de un paisaje único. Cuando nuestra mirada se posa en él, comprendemos la fuerza y la grandeza de la naturaleza. 

Para completar la obra, el mar, tan azul que se confunde con el cielo, y que está interrumpido sólo por tres islas espectaculares - CapriIsquia y Procida - cada una con su identidad histórica y turística, y por pequeños islotes menores.
Unas vacaciones con infinitas opciones: esto es lo que ofrece la provincia de Nápoles. Y se trata de una oferta que no puede dejarse escapar.

 

Nápoles es un auténtico cofre lleno de tesoros de arte e historia, huellas indelebles de las dominaciones pasadas, cada una de las cuales ha contribuido a la formación de esta ciudad, que en su casco histórico acoge un patrimonio tan extraordinario que la UNESCO lo ha declarado Patrimonio de la Humanidad.
2500 años de historia contada por palacios, iglesias, monumentos y lugares de arte entre los que penetran la alegría y la fantasía de la vida cotidiana típicamente napolitana. 
Hay hasta cuatro castillos que dominan la ciudad.
El Castillo Nuovo, más conocido como el Castillo Maschio Angioino, con líneas arquitectónicas diferentes pero bien integradas, que recuerdan el doble papel de fortaleza-palacio que esta construcción tuvo bajo la dominación de la Casa de Anjou y los Aragoneses. Magnífico el Arco del Triunfo mandado construir por el rey Alfonso I de Aragón y diseñado por Pietro de Martino y Francesco Laurana. En una pequeña isla unida a través de un puente con la cercana tierra firme se encuentra el monumental Castillo dell'Ovo, sede de exposiciones y congresos, desde el que se puede disfrutar de unas vistas maravillosas de todo el golfo
Encaramado en el Vomero está el Castillo de Sant’Elmo,desde el que se admira la “spaccanapoli”, gran arteria que divide Nápoles en dos partes.
Y, por último, el Castillo Capuano, que nació como fortaleza y más tarde, embellecido con intervenciones arquitectónicas, se convirtió en residencia de los nobles. En sus alrededores se encuentra la Puerta Capuana, entrada principal de la ciudad en el pasado, limitada por un valioso arco de mármol.

Las iglesias de la ciudad son innumerables. La Catedral, superpuesta a otros edificios ya existentes, una parte de los cuales fueron incorporados a la estructura actual, ha sufrido cambios radicales, sobre todo en la parte exterior, para poner remedio a los graves daños debidos a episodios sísmicos. Fue Enrico Alvino, en el año 1800, quien dio el empuje vertical que caracteriza la fachada actual, con pináculos, nichos y cúspides construidos alrededor de las obras que sobrevivieron al terremoto. El interior, con planta de cruz latina y tres naves divididas por dos largas filas de columnas, acoge la famosa Capilla del Tesoro de San Genaro que, además de dos ampollas que contienen la sangre del santo, custodia extraordinarias obras de arte realizadas con metales preciosos. Otro lugar importante relacionado con el santo de Nápoles son las Catacumbas de San Genaro,con frescos, mosaicos y restos de gran valor. Un conjunto de estratificaciones arquitectónicas realizadas en épocas diferentes diseñan la imponente Basílica de San Lorenzo el Mayor, construida sobre los restos de estructuras greco-romanas que han sido sacados a la luz y que se pueden visitar a través de la entrada situada en el claustro interior. A lo largo de la "Spaccanapoli” se encuentra la Iglesia del Gesù Nuovo, con su particular fachada recuperada de un palacio señorial del siglo XV, y un sinfín de decoraciones de mármol y pinturas en el interior. El Monasterio de Santa Chiara, con sus líneas sencillas y sobrias típicas de las iglesias franciscanas, además de las tumbas reales, custodia el característico Claustro de las Clarisas con una decoración insólita, realizada completamente con mayólicas variopintas, que representa los colores de esta tierra. Majestuosa como una catedral y rica en obras de arte, la iglesia de San Domenico el Mayor es otro interesante ejemplo del curioso proceso de formación del patrimonio artístico y cultural de Nápoles.
La Capilla Sansevero, popularmente llamada la “pietatella”, está ligada a la personalidad polifacética de Raimondo Di Sangro, y constituye una admirable unión de arquitectura y arte. Célebre es el Cristo Velado de Giuseppe Sammartino, que deja sin palabras por la extraordinaria maestría con la que fue realizado el sudario apoyado delicadamente sobre el cuerpo de Cristo.
Las ricas colecciones de antiguas familias nobles como los Farnese y los Borgia, además de los numerosos hallazgos encontrados en Pompeya, Herculano y otras zonas de Italia meridional, forman el patrimonio expositivo del museo de arte antiguo más grande del sur de Italia: el Museo Arqueológico Nacional, albergado en el Palacio degli Studi. 
El Palacio Real de Capodimonte, rodeado por un gran parque, alberga el Museo y Galería Nacional de Capodimonte, una extraordinaria colección de obras maestras de Tiziano, Rafael, Correggio, Masaccio, Mantegna, Caravaggio y otros artistas napolitanos. Extraordinario es también el mobiliario de las estancias reales donde se encuentra el saloncito de Porcelana, realizado por la Fábrica Real de Capodimonte, cuya producción está en parte expuesta en la Galería de las Porcelanas; un museo que reune junto a la colección de arte antigua obras de arte contemporáneo, con artistas como Andy Warhol.
El Museo Cívico Gaetano Filangieri, además de una valiosa serie de esculturas y pinturas, alberga una rica colección de armas europeas y orientales, una valiosa colección numismática, y muchos y refinados objetos de porcelana de las fábricas italianas y europeas más importantes.

Entre las principales plazas de Nápoles no se puede dejar de ver la famosa Plaza del Plebiscito, con su espléndida columnata mandada construir por Gioacchino Murat, delante de la cual se extiende uno de los lados del majestuoso Palacio Real, diseñado por Domenico Fontana, sede de la Biblioteca nacional Víctor Manuel II, la más grande del sur de Italia, con ejemplares antiquísimos de gran valor. A espaldas del Palacio se encuentra el Teatro de San Carlo, templo de la gran música y del ballet clásico, donde se han exhibido autores famosos a nivel mundial como Gioacchino Rossini y Gaetano Donizzetti.
Frente a la entrada del teatro está la Galería Umberto I, una de las más elegantes de Italia, con suelos de mármol decorados con elegantes geometrías. A lo largo de la Via Toledo, una de las principales arterias ciudadanas, se encuentran los Barrios Españoles realizados en el siglo XVI por Don Pedro de Toledo como alojamiento para las tropas, y hoy barrio popular que emana el genuino y puro carácter de los napolitanos.
Por las calles del centro histórico de Nápoles se respira un ambiente evocador que se encuentra también en el resto de la provincia, donde su antiguo encanto se une a la belleza inigualable de la naturaleza. En la zona vesubiana se encuentran Pompeya y Herculano, las "ciudades resucitadas”, Patrimonio de la Humanidad gracias a la riqueza de sus restos y su excelente estado de conservación. Una visita al antiguo Foro permite ver lugares de extraordinario valor como la Casa del Fauno, una construcción monumental con estancias, habitaciones y áreas dedicadas a diferentes actividades, el Santuario de los Lares Públicos, una de las obras de arquitectura más interesantes halladas en Pompeya, probablemente dedicada a las divinidades protectoras de la ciudad, y la Casa de los Vettii con los interiores decorados con preciosas pinturas. 

Siguiendo hacia el sur, entramos en la espléndida península sorrentina, un mundo de colores que van desde el azul del mar hasta al verde brillante apuntalado por el color oro de los limones. Inmersa en este maravilloso escenario está Sorrento, cuya belleza, hecha de historia, naturaleza y sabores, anticipa – ya desde tierra firme – el encanto de la reina de este mar, Capri, con los tres Farallones que forman la guardia a “Su Majestad” y las muchas cuevas naturales (incluyendo la famosa Gruta Azul) que diseñan este paisaje costero único.
Después de pasar el promontorio de Posillipo, desde donde se puede disfrutar de unas vistas de increíble belleza, se entra en la tierra volcánica de los Campos Flégreos, perfecta unión entre el trabajo secular de la naturaleza y el de las antiguas civilizaciones. Las claras aguas del mar que rodea esta zona están salpicadas de islas, entre las que también está Isquia, lugar ideal para relajarse y desconectar del estrés de la vida cotidiana, gracias a las propiedades curativas de sus aguas, que los romanos fueron los primeros en descubrir. Centros altamente especializados, equipados con todas las comodidades e inmersos en un entorno natural extraordinario, ofrecen una amplia gama de tratamientos de salud y belleza para unas vacaciones realmente relajantes. 
Diferente, pero igual de bella, es Procida, isla rodeada de altos y rocosos acantilados interrumpidos por playas de arena bañadas por los colores intensos del Mar Tirreno. 

Agua, sol y naturaleza se han aliado para proporcionarle “espacios” espectaculares donde practicar cualquier deporte acuático, por encima y por debajo del nivel del mar. En Baia no hay que perder la ocasión de realizar el recorrido por las villas decoradas con mosaicos, antiguos estanques de pesca y una amplia estructura portuaria de época romana, pero no hay que dejar en casa el equipo de buceo porque se trata de un auténtico Parque Arqueológico sumergido, un lugar rico en historia situado en el fondo marino.
Si posee un barco podrá explorar los rincones más secretos de este paraíso terrestre y, si no, podrá alquilar uno o reservar una excursión guiada en uno de los muchos centros que ofrecen este servicio.
Por la noche, cuando el cielo azul se vuelve de color cobalto, con una gran cantidad de estrellas que iluminan la noche, baresrestaurantespizzeríasdiscotecas y locales nocturnos permanecen abiertos hasta tarde para regalarle más horas de alegría y despreocupación.

Aquellos que decidan ir de compras podrán elegir entre creaciones artesanales y divertidos souvenirs para llevar como recuerdo de Nápoles y de sus gentes.
En las calles del centro encontrará talleres, tiendas y boutiques donde comprar el objeto que mejor responda a sus deseos: desde figuras de terracota que podrá comprar en la calle de San Gregorio Armeno, donde el talento creativo llega a su clímax en Navidad, hasta creaciones de alta moda con complementos de piel, corbatas y zapatos; desde joyas hasta preciosos paraguas hechos a mano con materiales de calidad.
La Nápoles iluminada por los rayos de sol esconde otra Nápoles, la ciudad escondida bajo el suelo, excavada ya por los griegos y después por los romanos, que construyeron aquí un imponente acueducto, utilizado hasta el año 1600. Un guía acompañará a los visitantes en este viaje en el tiempo por la Nápoles subterránea, un recorrido sugerente entre galerías e importantes hallazgos como el teatro greco-romano.
Saliendo de la capital, en Torre del Greco, se podrán comprar objetos y joyas realizados con valioso coral. Herculano y Pompeya ofrecen una amplia gama de souvenires que reproducen los restos arqueológicos hallados en las excavaciones y objetos hechos con piedra volcánica. Sorrento, según su antigua tradición, ofrece preciosos y refinados objetos de madera finamente tallados. 

Si sueña con el relax y el bienestar reserve una estancia en una de las muchas localidades termales de la provincia, todas ellas altamente especializadas para ofrecerle un paquete de tratamientos escogidos específicamente para sus necesidades.
La naturaleza volcánica de esta tierra es todo un mundo por explora.
El Vesubio, con su enorme cráter y sus paisajes formados por ríos de lava solidificada y que contrastan con los colores de los cultivos, es un espectáculo imprescindible. Una atmósfera surrealista, el encanto de un pasado lejano, una naturaleza extraordinaria, rodeada por un mar increíble: esto es lo que ofrece el Parque Regional de los Campos Flégreos, uno de los lugares más sugestivos del golfo. 

Cuando se piensa en la cocina napolitana, lo primero que se nos ocurre es la famosa pizza Margarita, genial invención culinaria idada en honor a la Reina de la cual toma su nombre. ¡Ingredientes sencillos e imaginación napolitana han creado uno de los platos más típicos, apreciados e imitados del mundo. Pero Nápoles es y será siempre el único lugar donde saborear la auténtica pizza napolitana, fina en el centro, alta en los bordes y cubierta con tomates, mozzarella y albahaca de esta tierra besada por el sol.
¿Y qué decir de la salsa de tomate con carne, el ragú? El gran Eduardo De Filippo, en una de sus obras teatrales, llegó a dedicarle un poema en el que expresaba toda su nostalgia por el auténtico ragú napolitano, diferente del que él llama <<chesta è carne c' ‘a pummarola>> (¡Esto es carne con salsa de tomate!) Una salsa espesa y sabrosa que enriquece los famosos platos de lasaña y espaguetis o vermicelli (fideos) cocinados como manda el arte culinario napolitano.
Joya de la cocina napolitana es la famosa Mozzarella de Búfala Campana DOP, un queso fresco, rigurosamente hecho a mano, que se derrite en la boca, liberando un intenso sabor a leche.
Espaguetis con mejillones o almejas, risotto de mariscochipirones escalfadospescado a la plancha o en papilloteanchoas fritascalamares rellenos o fritos, son algunos de los muchos platos en los que triunfa el sabor a pescado fresco que los pescadores descargan a diario en el muelle del puerto.
Y para acabar a lo grande, una sfogliatella rellena con queso ricotta fresco envuelto en una concha fragante de hojaldre; o un trozo de pastiera, la tarta napolitana más famosa; o, si lse prefiere los postres a base de licor, un babá empapado en ron es lo ideal.
Obras maestras del arte culinario que se pueden saborear con los excelentes vinos de este territorio, vinos ligados a tradiciones antiguas como el Lacryma Christi del Vesuvio DOC (Denominación de Origen Controlada) o el Taurasia y el Greco de Tufo, ambos galardonados con el sello DOCG (Denominación de Origen Controlada y Garantizada).
¡Y no se puede no probar el Limoncello de Sorrento!