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Basilicata

  • Descripción
  • Qué ver
  • Qué hacer
  • Qué probar

Basilicata está encajada entre las tierras de Calabria y Apulia, en la parte meridional de Italia.

 Aquí no se llega por casualidad. Se elige esta tierra solo si se tienen ganas de vivir una experiencia diferente, sumergiéndose en lugares donde el silencio, los colores, los olores y los sabores nos alejan del bullicio y del estrés de la vida moderna, regalándonos sensaciones únicas. 

Los bosques y las selvas que cubren las montañas están plagados de pequeños y encantadores burgos, algunos situados incluso a 1000 m de altitud, donde el aire puro, los sabores auténticos y las bellezas de la naturaleza se unen a los testimonios históricos para satisfacer todo deseo de conocimiento. 

Bellísima, y sin embargo todavía poco explorada, es la zona de los Lagos de Monticchio, una de las zonas más espectaculares de Basilicata.
El lago Grande y el lago Piccolo, son dos espléndidos espejos de agua que ocupan los dos cráteres, hoy en día inactivos, del Monte Vulture y están rodeados por una densa y exuberante vegetación. 

A pesar de ser una región predominantemente interior, Basilicata está bañada por dos mares: el Jónico y el Tirreno.
La costa jónica, con las dos famosas localidades de Metaponto Policoro, ofrece amplias playas de arena finísima o de guijarros, en algunos tramos rodeadas de pinares e hileras de eucalipto.

 El Golfo de Policastro, en la vertiente tirrena, presenta una costa más alta y accidentada, donde promontorios que se desploman sobre el mar se alternan con pequeñas playas bañadas por un mar cristalino. 

Las provincias son: Potenza (capital) y Matera

Matera, ciudad de los Sassi, un lugar único pasado a formar parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, junto con sus numerosas iglesias rupestres. Un paseo por las callejuelas de la Civita, el núcleo más antiguo de la ciudad, permite adentrarse en la antigua aglomeración urbana formada por una densa red de cavernas, excavadas en la roca por los pastores para dar refugio a sus familias y al ganado.
Una arquitectura arcaica, sin ningún tipo de proyecto, que ha dado origen a una auténtica obra monumental, atracción para millones de visitantes procedentes de todo el mundo. 
Un lugar tan único que fue elegido por el famoso actor y director Mel Gibson para la ambientación de la película "La pasión de Cristo." 

La costa de Maratea, 32 km de litoral en la vertiente tirrena de Basilicata, famosa en el mundo entero por la riqueza y belleza de sus fondos marinos.
Y para quienes no disfrutan sumergiéndose, esta espléndida tierra ofrece innumerables pequeñas playas donde relajarse al sol y refrescarse en las aguas cristalinas de un mar límpido. 
Un modo diferente de vivir y conocer el mar es un tour en barco por la costa para visitar las muchas cuevas marinas que abundan en el litoral.

 La ciudad de Maratea es una preciosa perla engastada en el sugestivo Golfo de Policastro, con la imponente Estatua del Redentor.

Gran parte del territorio de Basilicata está ocupado por montañas, cubiertas por magníficos bosques y espléndidas selvas, un paisaje espectacular donde regenerarse, divertirse y comer bien todo el año. 


En invierno, cuando un manto blanco cubre las altas cumbres, no falta la diversión. Pero también en verano la montaña es un lugar ideal para quienes disfrutan paseando, haciendo escalada, yendo en bicicleta o sencillamente descansando. 
Correr con un rollerbe, un vehículo de dos ruedas para divertirse en la hierba, o bien deslizarse, sentados o tumbados, solos o en grupo, en lanchas hinchables (snow tubing) o, incluso, aventurarse por una pendiente a bordo de un devalkart: modos originales y divertidos para pasar unas vacaciones en la naturaleza incontaminada de esta tierra.

 Lugares maravillosos para explorar también a caballo o en mountain bike o sencillamente a pie, recorriendo uno de los muchos senderos que se encaraman a las montañas. 

El agua es un elemento determinante en el paisaje de esta tierra.
Torrentes y arroyos que bajan de las montañas, lagos rodeados de una naturaleza exuberante, y  el mar, con mil matices azules.
Un mar que permite practicar numerosas actividades como el rafting o el barranquismo, el piragüismo o la vela, el buceo o la pesca deportiva.
 
Y para los amantes de las compras y la vida nocturnaMaratea es la meta ideal: un vistazo a los escaparates del centro, una cena en uno de los característicos restaurantes del puerto, un postre en los bares de la plazoleta y, para terminar la noche, una visita a uno de los muchos locales nocturnos donde bailar hasta la madrugada. 

La cocina típica de Basilicata, esencial y aromática, se basa enteramente en los pocos productos locales, sabiamente combinados en manjares característicos y de antiquísima tradición. 

El papel principal le corresponde a la pasta de trigo duro, trabajada a mano con antiguos utensilios como la “rasola”, la “cavarola” (respectivamente una cuchilla y un pequeña tabla de picar) y la “maccarunara”. Para otros formatos, como los “minuich” y los “tria”.

En las salsas, todas muy sabrosas, encontramos la omnipresente guindilla, que aquí se la llama más comúnmente “diavolicchio”. 

La “panella”, grandes formas de pan con masa a base de harina y patatas hervidas y el “pancotto”, rebanadas de pan tostado ablandadas en caldo y enriquecidas con huevo, son dos platos típicos a base de pan, otro alimento recurrente en la cocina lucana. 

Como manda la tradición, los lucanos degustan a menudo manjares a base de carne de cordero como el “cazmarr” (rollitos de carne de vísceras, que en dialecto se llama “gnumaredd”) y el “cutturiddi”, una especie de estofado. También se cocina mucho la cabeza de cordero, que se cuece al horno y se sazona con orégano y queso de oveja. 
Entre las carnes es famosa la “lucanica”, una salchicha de carne magra de cerdo, preparada en numerosas variantes, sin el empleo de aditivos. 


Otra reina de la gastronomía lucana es la verdura, que combinada con guindilla ofrece una amplia variedad de sabrosos platos. 
Recordamos el calzone de verdura, la “ciammotta”, fritura de patatas, pimientos y berenjenas aliñadas con tomate, la “cialledda”, con habas, patatas y alcachofas y la ensalada de lampaggioni (una variedad local de cebollas). 


El “plato de hierbas a la lucana” constituye una excepcional síntesis vegetariana; en él encontramos cebollas, berenjenas, pimientos, tomates, ajo, albahaca y perejil, cocinados al mismo tiempo y aliñados con aceite de oliva.